Historia

Irena Sendler, el ángel de Varsovia que salvó a 2.500 niños del gueto

La trabajadora social polaca arriesgó su vida para rescatar a cientos de chicos durante el Holocausto; su historia, en detalle.

Redacción3 min de lectura
Irena Sendler, la mujer quesalvó a 2.500 niños del gueto de Varsovia: “Al miedo se lo domina”

Irena Sendler, conocida como “el ángel de Varsovia”, fue una trabajadora social polaca que durante la Segunda Guerra Mundial salvó a unos 2.500 niños del gueto de Varsovia. Ingresaba al lugar con pases sanitarios y los sacaba escondidos, mientras llevaba un registro con sus datos para reunirlos luego con sus familias. Su historia, marcada por el coraje y la solidaridad, se convirtió en un símbolo de resistencia ante el horror nazi.

Nacida en 1910 en Varsovia, Irena creció en un hogar donde la ayuda al prójimo era un valor central. Su padre, Stanislaw Krzyzanowski, era un médico que atendía gratis a los más necesitados, sin distinción de religión o nacionalidad. Esa enseñanza marcó su vida: “Las personas se dividen en buenas y malas. La nacionalidad, la raza, la religión, carecen de significado. Lo único importante es la persona”, recordaba ella.

Desde joven, Irena se involucró en causas sociales. En la universidad, se sentaba junto a los estudiantes judíos en señal de solidaridad, desafiando las normas antisemitas de la época. Tras graduarse en 1939, trabajó en el Ayuntamiento de Varsovia, pero con la invasión alemana comenzó a colaborar con la resistencia polaca. En el otoño de 1939, los nazis ordenaron despedir a los trabajadores judíos y dejar de ayudarlos, pero Irena y sus compañeros organizaron células clandestinas de asistencia.

Cuando el gueto de Varsovia fue cerrado en noviembre de 1940, más de 400.000 personas quedaron encerradas en condiciones inhumanas. Irena, que había logrado un pase sanitario, entraba y salía del lugar llevando comida, medicinas y ropa. Pero su misión más peligrosa era rescatar a los niños. Convencía a los padres de entregárselos, sabiendo que quizás nunca volverían a verlos. “Me piden garantías de que sobrevivirán, y solo puedo responderles que ninguna”, confesaba.

Los niños eran sacados en ambulancias, bolsas de basura, ataúdes o túneles. Una vez afuera, Irena les daba nuevas identidades y los colocaba en conventos, orfanatos o familias adoptivas. Para no perder su rastro, anotaba sus nombres originales en pequeños papelitos que guardaba en frascos enterrados en el jardín de una amiga. Esos frascos, encontrados después de la guerra, permitieron reunir a muchos niños con sus familias o al menos darles un origen.

En octubre de 1943, Irena fue arrestada por la Gestapo. A pesar de ser torturada, no reveló ninguna información sobre sus compañeros ni sobre los niños. Condenada a muerte, logró escapar gracias a un soborno de la resistencia. Pasó el resto de la guerra escondida, pero continuó su trabajo desde la clandestinidad.

Tras la guerra, Irena vivió en Varsovia y trabajó como asistente social. Durante décadas, su heroísmo fue poco conocido. Recién en 1999, un grupo de estudiantes de un colegio de Kansas descubrió su historia y la difundió mundialmente. En 2007, fue nominada al Premio Nobel de la Paz, aunque no lo ganó. Falleció en 2008, a los 98 años, dejando un legado de humanidad y valentía.

“Al miedo se lo domina”, solía decir Irena. Su vida es un recordatorio de que, incluso en los momentos más oscuros, hay personas dispuestas a arriesgarlo todo por los demás. Su ejemplo sigue inspirando a nuevas generaciones a luchar contra la injusticia y a tender la mano a quien lo necesita.

Fuente: LA NACION

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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