Suicidio

Jess Browne perdió a su hijo y creó Empesares, una red para prevenir el suicidio

La fundadora de la comunidad contó cómo transformó el duelo en acompañamiento y advirtió por la falta de psiquiatras infantojuveniles en el país.

Redacción••3 min de lectura
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Jess Browne perdió a su hijo y creó Empesares, una red para prevenir el suicidio

Jess Browne es argentina y en abril de 2020, al inicio de la pandemia de Covid-19, recibió la noticia de que su hijo Nacho se había quitado la vida. Ella estaba en Londres y él en la Argentina, y el confinamiento le impidió despedirlo en persona. De esas cartas que dejó su hijo, una tenía un pedido puntual: que su historia se difundiera con la verdad.

Con el tiempo, Browne transformó ese dolor en una causa y fundó Empesares, una comunidad dedicada a la prevención del suicidio y al acompañamiento de personas con problemas de salud mental o en duelo. Lo contó en el marco del ciclo Mujeres Líderes, donde repasó el proceso que la llevó de la pérdida a la acción colectiva.

Las cifras dimensionan el problema. En 2025 se registraron 5209 muertes por suicidio, lo que equivale a 14 personas por día y más de una cada dos horas. En 2016 habían sido 2897, de modo que en menos de una década el número casi se duplicó. La Organización Mundial de la Salud estima además que por cada adulto que muere por suicidio hay más de 20 personas que lo intentaron: unos 104.000 intentos en un año, más de 285 por día.

“Creo que él estaría orgulloso de que hayamos puesto el tema sobre la mesa”, aseguró Browne. Sobre su propio tránsito, fue cruda: “Fue durísimo, tanto que en algún momento dije, si él sintió esto, entiendo perfectamente su decisión. Tuve la gente indicada que me ayudó a estar acá hoy y, casi seis años y medio después puedo sonreír también”.

La fundadora de Empesares explicó que no siempre hay señales que permitan anticipar una decisión de ese tipo, y que tampoco siempre están los recursos económicos para buscar ayuda ni los turnos disponibles. “Nosotros podemos hablar, estar, acompañar”, agregó. También señaló el peso del juicio ajeno, que muchas veces culpa a los padres: “Hay chicos que, a la vista de los demás, tenían todo: buenos padres, medios. Y existen otros que viven en la calle, padecen el frío extremo y aun así luchan por la vida”.

Consultada sobre cómo acompañar, Browne recomendó cuidar el propio espacio y las compañías. “Le diría a cualquiera que cuide su espacio, que piense con quiénes está, quiénes te ayudan y te hacen bien, estar atentos a qué mira uno en Instagram y qué lee. Prestar atención a los otros, para ver cómo acompañar y cómo no presionar. Creo que el trabajo es más de comunidad”, planteó. En esa línea, el abordaje de la salud y la prevención requiere redes de contención sostenidas.

Uno de los puntos que marcó con más fuerza es la falta de profesionales. “No hay psiquiatras infantojuveniles, no hay cantidad, no se forman y cada vez se suicidan chicos más chicos, incluso de 13 años”, advirtió. A eso sumó la presión que pesa sobre los jóvenes: “Crecieron con la idea de que el día que no tuvieron una jornada fantástica, no están teniendo un día bueno. Y se ha hecho difícil también para los padres discernir entre qué es real y cuándo los chicos buscan llamar la atención”.

El nombre de la comunidad tiene su historia. Se escribe con “s” y no con “z” por una frase que le repetían en aquel momento: “Tenés que volver a empezar”. Mientras hacía deporte, Browne le daba vueltas y concluyó: “Hay que volver a empezar con estos pesares”.

La fundadora resaltó la importancia de cuidar a quienes siguen estando y mantiene la esperanza de que la historia de su hijo, aunque duela, pueda servir a otros. “Algún día, me lo encontraré de nuevo ahí arriba; primero, le voy a dar un sopapo y luego un abrazo”, cerró.

Por qué importa

El suicidio casi se duplicó en menos de una década en el país y la propia fundadora alerta por la escasez de psiquiatras infantojuveniles. La nota pone el foco en la prevención y en el acompañamiento como herramientas concretas.

Qué sigue

Queda por ver si la visibilización del tema se traduce en más formación de profesionales y en políticas de prevención sostenidas, sobre todo para adolescentes.

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