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Jorge Valdano: El Día D del Fútbol Argentino y Más Sobre el 3-1 a Inglaterra en México 86

El ex futbolista recuerda detalles de aquel histórico partido y su impacto en la historia del fútbol

Redacción4 min de lectura
Jorge Valdano: El Día D del Fútbol Argentino y Más Sobre el 3-1 a Inglaterra en México 86
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-Hay un par de recuerdos clásicos en la previa de aquel partido. Diego diciendo: “Yo de política no hablo” y Bilardo repitiendo: “Es sólo fútbol”. Vos aclarando que “no se confundan los imbéciles” y la imagen de las camisetas azules sin números un día antes. ¿Hay algo más que haya quedado en el camino contar?

-Es verdad que cuando hablamos de la literatura clásica, decimos que los clásicos siempre tienen algo nuevo que decir porque juegan a las interpretaciones. Pero los hechos fueron los que fueron. No recuerdo otros. A Bilardo le daba miedo el exceso de emoción, porque eso podría desembocar en cualquier acto disciplinario. Diego sentía que se estaba poniendo el foco en un lugar equivocado y también eso le preocupaba. Pero lo cierto que había algo evidente y era que Argentina no hubiera soportado una nueva derrota contra el rival que nos había humillado no hacía tanto tiempo. La literatura del partido creció a partir del día en que se jugó, pero antes hicimos todo lo posible para esconder la dimensión político-social. Los ingleses, por el contrario, lo vivieron con cierta indiferencia. Pero lo confirmaron hace poco durante la filmación de la película. Y cobra un doble sentido. La indiferencia del que ganó la guerra y del que no tiene presente es una cuestión identitaria desde la infancia. A nosotros las Malvinas nos acompañan desde la escuela primaria.

Mientras elaboraba la respuesta, la memoria de Valdano siguió funcionando, buscando en el arcón algún recuerdo lejano. Y ahí estaba. “El día anterior fuimos a hacer el reconocimiento del estadio. El césped estaba muy alto, unos 10 centímetros. Todos coincidimos que en esa cancha no se podía jugar. Y después Diego hizo lo que hizo” (se escucha su risa de satisfacción a la distancia)

-Todo sucedió en el segundo tiempo. Y muchas veces en el entretiempo, en el vestuario, hay palabras o momentos clave. Se sabe poco de ese descanso en el Azteca. ¿Qué recordás?

Fue un entretiempo tranquilo, porque si bien es verdad que el resultado estaba cero a cero, sentíamos que el partido era nuestro, que lo dominamos y que prácticamente no habíamos sufrido. No había nada relevante que modificar. Y luego Diego hizo la revolución. Todo lo que hizo tenía muy poco que ver con el equipo. Tenía que ver con un genio que ese día tenía una especie de cita con la gloria.

-Desde el juego no fue tu mejor partido. Los medios destacaron que estuviste bastante impreciso: Clarín y Sólo Fútbol te calificaron con un 6 y El Gráfico con un 5. Las estadísticas finales dicen que tuviste 18 contactos con la pelota: 12 correctos y 6 no. Cinco acciones en defensa, un quite y 4 cabezazos. Nueve acciones individuales: 6 bien y 3 mal. ¿Cómo conceptualizar estos números?

-Tenía la esperanza de que el partido de Diego los escondiera, pero veo que hay investigadores que me ponen en evidencia (se ríe). Sí, fue mi más flojo partido y creo que hay una razón de fondo. En todos los partidos tenía mi punto de partida muy atrás, en muchas ocasiones por detrás de Burru y de Diego. Por indicación de Bilardo, tenía que cumplir con ciertas obligaciones. Con decir que en la final tuve que hacerle hombre a hombre a Briegel (el lateral alemán), queda todo dicho. Pero ante Inglaterra mi posición fue mucho más adelantada y prácticamente jugué todo el partido de espalda al arco contrario. Eso me hacía sentir mucho más incómodo.

-Cuando Diego hace el gol, en lugar de ir a festejarlo con él, te metiste en el arco a buscar la pelota. En tu última nota confesaste que, un poco enojado, dijiste: ‘Gritalo solo’. Diego siempre contó que te veía a su izquierda, como pase, pero no te la dio.

-Lo dije como un recurso literario. No estaba enojado porque no me la dio. La jugada me parecía demasiado individual, que nos quitaba a los demás todo el protagonismo. Él se había apoderado del partido. Siempre digo, un poco en broma, que fui el máximo sacador de la pelota del arco en ese Mundial. Lo hice en el gol de Diego y en el de Brown en la final. No en el de Burruchaga, el 3-2, cuando estaba cerca pero ya no podía más, ja, ja. Pero es verdad que Diego me veía. Me lo dijo después del partido mientras nos duchábamos y antes de ver la repetición de los goles a la noche. Todo eso me sirvió para escribir una nota después sobre cómo funciona la cabeza de un genio en acción. Aprovechando ideas y desechando otras. Decía que me quería dar la pelota a mí, pero que siempre se le cruzaba un inglés que lo hacía cambiar de idea. Y luego el recuerdo de su hermano y aquella fallida definición en Wembley en 1980. Fíjate con qué velocidad le tienen que atravesar las ideas por la cabeza.

-Este 22 de junio también es el Día del Futbolista, que por un acuerdo entre Agremiados y la AFA se cambió en 2020 en homenaje al gol de Diego, reemplazando al 14 de mayo, por el 3-1 a Inglaterra en 1986 y el gol de Ernesto Grillo. ¿Cómo lo ves en perspectiva?

-Bien. Como digo en el artículo, creo que fue “el día D de la historia del fútbol argentino”. No hay otro episodio en el fútbol mundial que sea más recordado que ese partido de Argentina frente a los ingleses y de Maradona frente a los ingleses. Aunque aquello que ocurre por primera vez muchas veces lo consideramos más relevante, aquí estamos ante algo absolutamente excepcional.

Fuente: Ver original en Smoke Demo Source.

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