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Korfball: el deporte mixto que gana terreno en los clubes argentinos

Con raíces en Países Bajos, esta disciplina combina estrategia, equidad de género y trabajo en equipo, y ya se practica en varias provincias.

Redacción2 min de lectura
Korfball: el deporte mixto que gana terreno en los clubes argentinos
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El korfball, un deporte de equipo mixto por reglamento, gana adeptos en la Argentina. Reconocido por el Comité Olímpico Internacional, se practica en más de 60 países y propone un espacio donde hombres y mujeres juegan juntos en igualdad de condiciones. La palabra "korf" significa "cesto" en neerlandés, en alusión al elemento central del juego.

Damián Ferreira, vicepresidente de la Asociación Argentina de Korfball (AKA), explicó que "desarrolla habilidades físicas como la coordinación, la resistencia, la agilidad y el trabajo en equipo". Al no permitirse contacto físico agresivo ni carreras con la pelota en la mano, el juego exige movimientos rápidos y lectura táctica constante. Antonella Ruiz, entrenadora y árbitra, agregó: "Es un deporte cien por ciento cooperativo y dinámico. Permite que todos hagan todo, lo que lo hace lo menos excluyente posible".

El korfball fue creado en 1902 por el maestro neerlandés Nico Broekhuysen, quien buscó una práctica educativa que permitiera a hombres y mujeres competir juntos sin depender de la fuerza física. A la Argentina llegó en 2003 de la mano del chubutense Ricardo Acuña. Ese año, el país se inscribió en la Federación Internacional de Korfball (IKF). Hacia 2008, el profesor Néstor Pérez comenzó a enseñarlo en escuelas de Florencio Varela, consolidando la actividad en el Club Villa Vatteone y el Polideportivo La Patriada.

Ferreira recordó que llegó al deporte en 2014 tras una recomendación: "Fui a probarlo, me gustó de inmediato y no paré más". Ruiz también lo descubrió a través de una profesora: "Fue un camino de ida. Comencé como jugadora y, a medida que avanzaba, me involucraba cada vez más". Luego se profesionalizó con capacitaciones avaladas por la IKF en Uruguay y Colombia.

La estructura competitiva está diseñada para evitar la preponderancia de la fuerza. Cada equipo tiene 8 jugadores: 4 hombres y 4 mujeres. El campo mide 40x20 metros y se divide en dos zonas (ataque y defensa). "El objetivo es encestar una pelota tamaño N°5 en una cesta a 3,5 metros de altura. A diferencia del básquet, no podés desplazarte con la pelota en las manos, solo pivotear", detalló Ruiz.

Una regla clave es que solo se puede marcar a un jugador del mismo sexo, lo que "neutraliza las diferencias físicas y garantiza una equidad absoluta", según Ferreira. Además, cada dos goles los jugadores rotan obligatoriamente de zona y de rol, eliminando la especialización excluyente. "Su mayor valor es social: promueve el respeto y la cooperación entre géneros desde la práctica misma", añadió.

Hoy, la disciplina se expande en clubes del AMBA, como el club Uruguay Korf, el CEF 102, La Patriada y un equipo en Berazategui. Fuera de Buenos Aires, Córdoba es uno de los núcleos más activos, junto con experiencias en Río Negro, Puerto Madryn y Cipolletti. La competencia local se organiza a través de la Liga de Korfball Bonaerense, que pronto incorporará una división senior. La Selección Argentina ya ha competido en torneos en Uruguay, Colombia y en el país. "El korfball es mucho más que un deporte: es una filosofía de juego", concluyó Ferreira.

Fuente: Lanacion.

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