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La altura no existía: cómo Messi desafía los dogmas del fútbol y la vida

Una reflexión sobre los prejuicios que damos por ciertos y cómo la inteligencia y la intuición siguen siendo variables decisivas, incluso a los 40.

Redacción3 min de lectura
La altura no existía: cómo Messi desafía los dogmas del fútbol y la vida
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Hace años, el periodista uruguayo Diego Lucero contaba una anécdota con Francisco “Cañoncito” Varallo, único sobreviviente de la final del Mundial de 1930. En una charla con jóvenes, surgió el tema de la altura en ciudades como La Paz. Cuando le preguntaron cómo se las arreglaban, Varallo respondió con inocencia: "En aquel tiempo no había altura".

La anécdota revela que la altura no existía como problema para esos futbolistas. No formaba parte de su repertorio mental ni era una excusa para el fracaso. Hoy, en cambio, se la considera una evidencia indiscutible. Pero la historia está llena de certezas que resultaron ser construcciones culturales.

Durante siglos se creyó que la pobreza era consecuencia de defectos morales, o que diferencias raciales explicaban capacidades humanas. Miles de personas inteligentes defendieron esas ideas con argumentos que parecían irrefutables. Lo notable es que casi nadie advirtió el error mientras vivía dentro de él.

Aún hoy decimos que después de los 40 no se puede empezar una carrera, que a los 50 es tarde para cambiar de profesión, que a los 60 hay que resignarse. Repetimos esas frases hasta que nos "hablan" a nosotros. Sin embargo, la experiencia ofrece ejemplos obstinados que contradicen esa burocracia de las expectativas.

Raymond Chandler publicó su primera novela a los 51 años. Frank McCourt obtuvo reconocimiento mundial con Las cenizas de Ángela después de los 60. José Saramago alcanzó la consagración internacional cuando muchos considerarían agotada la etapa de las grandes apuestas.

Cada época está llena de prejuicios disfrazados de sentido común. Durante siglos se afirmó que las mujeres no podían votar o ejercer ciertas profesiones. Parecía natural. Pero la historia humana, de tanto en cuando, empuja los frágiles castillos de naipes que habitamos. El prejuicio tiene la curiosa característica de parecer verdadero hasta cinco minutos antes de ser desmentido.

Hubo quienes aseguraban que el ser humano jamás volaría porque el peso del cuerpo lo impedía. Otros sostenían que ningún corredor completaría una milla en menos de cuatro minutos. Cuando Roger Bannister lo consiguió en 1954, alteró una frontera mental. Poco después, otros atletas comenzaron a lograrlo también. A veces el límite más resistente está en la imaginación colectiva.

El caso de Lionel Messi merece especial atención. A poco más de 11 meses de cumplir 40 años, juega un fútbol que desafía dogmas contemporáneos. Mientras buena parte del deporte moderno rinde culto a la velocidad y el despliegue físico, Messi demuestra un principio casi filosófico: "el fútbol consiste en hacer correr la pelota para no tener que correr uno mismo", como sostenía Dante Panzeri.

Messi corre menos que muchos, pero piensa más que todos. Llega antes porque entiende antes. Así, además de desafiar rivales, pone en jaque nuestras categorías mentales. La altura desestimada por Varallo es, más que un accidente geográfico, una idea que a veces es más difícil escalar que una montaña.

La vigencia de Messi cuestiona una época fascinada por la cuantificación. Nos advierte que la inteligencia, la intuición y la sensibilidad estratégica siguen siendo variables decisivas. Por eso los grandes cambios suelen producir una sensación extraña, y surgen como la simple pregunta: ¿y si no fuera así?

Un jugador veterano que brilla como en su apogeo, una persona que comienza de nuevo a los 70; artistas y empresarios abiertos a una mirada distinta de lo que parece inmutable. Basta alguien que haga algo que supuestamente no podía hacerse, y descubrimos que muchas de nuestras convicciones eran apenas acuerdos tácitos. Esas raras inteligencias nos recuerdan que hay cosas más sólidas que nuestros prejuicios.

Probablemente nosotros mismos estemos defendiendo hoy certezas que dentro de algunas décadas nos provocarán perplejidad. Convendrá revisar otra vez lo que creemos indiscutible. La realidad suele ser mucho más sorprendente que las explicaciones con las que intentamos domesticarla.

Fuente: Lanacion.

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