La aventurera francesa que espió en el Medio Oriente y vivió dos años en la Argentina
Marga d'Andurain se autoproclamó condesa para infiltrarse en la alta sociedad de El Cairo, compró un hotel en Siria y se casó con un musulmán para acceder a La Meca.


Nacida en la alta burguesía del País Vasco francés a fines del siglo XIX, Marga d'Andurain fue una aventurera que desafió los códigos de su época. Espía, viajera, falsaria: vivió dos años en la Argentina como granjera, se reinventó como falsa condesa en Egipto y trabajó para los servicios secretos británicos en el Medio Oriente. Su vida, narrada por la periodista española Cristina Morató, revela una mujer que rechazó sistemáticamente el rol asignado por su nacimiento.
Desde pequeña mostró un carácter indomable que escandalizaba a su familia. Sus escapadas fueron frecuentes y su indisciplina evidente. La familia tomó una decisión radical: internarla en un convento cuando tenía nueve años. "Desobediencia, violación de las reglas, inducción a la revolución y mala conducta" fueron las razones que aducían para expulsarla de una institución tras otra. Su madre interpretó el desafío como posesión demoníaca y organizó un exorcismo. Cuando escuchó al sacerdote recitar el Vade retro Satana, Marga respondió con risa.
A los 16 años conoció a Pierre d'Andurain, un primo lejano sin fortuna ni título. Se casaron impulsados solo por su voluntad. La luna de miel transcurrió en Argelia, donde gastaron todos sus ahorros. Cuando regresaron a Francia, arruinados, decidieron probar suerte en América del Sur, donde vascos como ellos habían fundado ciudades como Buenos Aires y Montevideo.
En el invierno de 1912, Marga llegó a la Argentina con su hijo Pío y una dama de compañía. Pierre se había instalado en Santa Fe, alejado de Buenos Aires. Para llegar a él debió recorrer 300 kilómetros de caminos polvorientos hasta Las Rosas, cerca de Rosario. Encontró una granja rústica: lejos de los caballos que soñaba, Pierre trabajaba con ganado criollo, compartía mate con gauchos y tocaba guitarra. El experimento rural duró dos años sin traer fortuna alguna. Con el estallido de la Primera Guerra Mundial en agosto de 1914, Pierre volvió a Francia para combatir. Abandonaron la Argentina sin haber cumplido sus sueños de prosperidad.
Pierre regresó herido del conflicto con estrés postraumático. Incapaz de trabajar, Marga se convirtió en sostén de la familia. En París intentó dedicarse al diseño de interiores sin éxito. Todo cambió en 1925 cuando murió el padre de Marga y recibieron una importante herencia. Ambos buscaban reinventarse y eligieron El Cairo, convertido entonces en un lujoso centro turístico de la alta sociedad europea.
Su plan era abrir un instituto de belleza, pero necesitaba algo previo: un título que le permitiera infiltrarse en círculos aristocráticos. La solución fue directa. Revisaron árboles genealógicos, trazaron mentiras en papel y imprimieron tarjetas que los presentaban como vizconde y vizcondesa Pierre y Marga d'Andurain. Así nació la falsa condesa que pronto atrajo la atención de los servicios secretos franceses y británicos, quienes encontraron en ella una fuente valiosa de información sobre movimientos políticos en el Medio Oriente. Su capacidad para infiltrarse en círculos de poder, respaldada por su reinvención permanente, la convirtió en un activo espía durante los años más convulsos del siglo XX.
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