La Bella y la Bestia cumple 35 años: la historia secreta del film que rescató a Disney
El clásico animado, primero en competir por el Oscar a mejor película, nació de un musical off-Broadway y de una apuesta de dos autores

La Bella y la Bestia cumple 35 años y sigue siendo una de las películas bisagra en la historia del cine. Fue el primer largometraje de animación nominado al Oscar a mejor película y ganó tres estatuillas: canción, banda sonora y sonido. Para Disney, representó el regreso triunfal de la fantasía animada al centro de las preferencias del público masivo.
La historia del film no empezó en Hollywood ni en Broadway, sino en un pequeño teatro neoyorquino. Howard Ashman y Alan Menken, dos jóvenes autores apasionados por el cine y la música, habían estrenado en 1982 el musical La tiendita del horror, un éxito de boca a boca que nunca llegó a la meca del teatro hasta 2003.
Tras ese suceso, Disney los convocó en 1988. La compañía atravesaba un momento difícil en animación: desde 1980 apenas había estrenado El caldero mágico, Oliver y Cía. y Policías y ratones, todas con fórmulas tradicionales. Ashman y Menken entendieron que el dibujo animado era el único espacio donde la fantasía musical podía resultar creíble.
Así nació La Sirenita, estrenada en 1989, el mismo año en que Los Simpson debutaron como sitcom animada independiente. Ambas confirmaron que existía un público joven criado sin prejuicios hacia la animación, dispuesto a consumirla masivamente. El éxito del film basado en el cuento de Andersen fue un clásico instantáneo y devolvió a Disney al terreno que había dominado por décadas.
El motor de esa transformación fue Jeffrey Katzenberg, presidente del estudio entre 1984 y 1994, cuando partió junto a David Geffen y Steven Spielberg para fundar DreamWorks. Sin el éxito de La Bella y la Bestia, sostienen los especialistas, lo que vino después no habría ocurrido: la película consolidó el regreso de la animación a un lugar de privilegio y funcionó como campo de experimentación técnica y formal para todo el cine.
El proyecto de adaptar el cuento existía desde 1939 y debía ser el segundo cuento de hadas del estudio después de Blancanieves. En vida de Walt Disney solo se hicieron tres largometrajes basados en cuentos de hadas tradicionales: Blancanieves (1937), La Cenicienta (1950) y La Bella Durmiente (1959). El resto fueron compilaciones musicales o adaptaciones de libros infantiles.
El gran desafío narrativo era el clima del relato y la dificultad de pasar de una situación de encierro a una de amor. Después de todo, Bella se enamora de un ser que la secuestra. Con Katzenberg, el proyecto se reactivó y tuvo por primera vez un guion completo firmado por Richard y Jill Purdum. También se realizó un reel de prueba que permitió avanzar hacia la producción definitiva.
La película se convirtió en un fenómeno global y en una de las obras más recordadas de la animación moderna. Su inclusión en la categoría principal de los premios de la Academia generó polémica en su momento, pero abrió la puerta para que otros films animados compitieran en igualdad de condiciones. Tres décadas y media después, su influencia sigue visible en la industria.
Por qué importa
El aniversario permite revisar cómo una película animada cambió las reglas de la industria: abrió el Oscar a mejor película a la animación y consolidó un público adulto para el género. Su influencia sigue vigente en el cine actual.
Fuente: LA NACION
Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.
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