Opinión

La crisis de la representación política y el desafío de las nuevas minorías

Un análisis sobre la obsolescencia de la democracia liberal y el surgimiento de actores como los tecnomegamillonarios.

Redacción2 min de lectura
La inquietud de no saber hacia dónde vamos

La democracia liberal representativa, un fenómeno reciente en la historia, enfrenta una crisis de legitimidad en Occidente. En Argentina, la antinomia entre democracia formal y justicia social sigue vigente, y la aparición de minorías identitarias y tecnomegamillonarios plantea interrogantes sobre el futuro de la representación política.

El mundo atraviesa tiempos de cambio acelerado, con guerras prolongadas y fronteras convertidas en armas. Las viejas categorías del pensamiento ya no alcanzan para comprender lo que sucede, y la tarea de los estadistas de adelantar el futuro se vuelve cada vez más difícil.

En este contexto, la democracia liberal es cuestionada desde distintos frentes. Algunos la consideran obsoleta, mientras que otros advierten sobre el avance de democracias iliberales, como el caso de Viktor Orbán en Hungría, que durante 15 años erosionó las instituciones liberales desde adentro.

La Argentina tiene una larga historia de divorcio entre la democracia sustantiva, entendida como justicia social, y la democracia formal o de procedimientos. Esa oposición marcó los debates de la década del 70 y continúa presente en la política actual, con referentes como Cristina Kirchner y Javier Milei que reivindican una idea de soberanía popular por encima de los límites institucionales.

La división de poderes es vista por estos sectores como un obstáculo para la voluntad popular. En esa línea, Cristina Kirchner declaró obsoleta la división de poderes, reviviendo una tradición peronista que prioriza la lealtad al movimiento y a su conductor. Por su parte, Milei sitúa la decadencia del país en la democracia de participación ampliada instaurada en 1916, ignorando los logros de gobiernos como el de Alvear.

Esta concepción de la democracia como soberanía popular no es nueva: remite a la democracia de los antiguos, que durante milenios fue vista como germen del despotismo y fue sustituida por la noción de República. La democracia liberal representativa, en cambio, es una creación de mediados del siglo XIX, y hoy muchos la consideran parte del pasado.

En las últimas cuatro décadas, la democracia argentina superó el test de la alternancia pacífica en el poder, pero se degradó la calidad de los controles a su ejercicio. Gobernar por decreto en perpetua emergencia o comprar lealtades a cambio de favores se ha instalado como costumbre, en un país federal en la letra pero centralista en los hechos.

La crisis de la representación política se agrava con la emergencia de nuevos actores: las minorías intensas identitarias y los tecnomegamillonarios. Los partidos políticos se han reducido a taxis que conducen al poder, según la premonitoria expresión de Ralph Dahrendorf. La revolución de la comunicación y la información hizo emerger una nueva estructura social, con oligopolios que controlan el desarrollo de la inteligencia artificial en la cima.

Un ejemplo emblemático es Peter Thiel, tecnoempresario megamillonario e intelectual sofisticado, que estableció su residencia en la Argentina. Tenemos un agente del cambio en casa, pero no sabemos hacia dónde vamos. El mundo entero vive en la incertidumbre.

Fuente: Clarín

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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