La cultura troll como política de Estado: el gobierno de Milei y el uso del odio digital
El presidente utiliza milicias digitales y granjas de trolls para desacreditar opositores, según un análisis de su gestión.

La figura de Fernando Cerimedo, acusado de contratar sicarios en Bolivia para asesinar a su pareja, volvió a poner en el centro de la escena las artimañas que utilizó Javier Milei para ganar y gobernar: la creación de milicias digitales y granjas de trolls para desacreditar personas, amedrentar voces y defender lo indefendible. Esta estrategia, según analistas, se ha convertido en una política de Estado que genera fatiga popular y espanto.
Cerimedo, quien trabajó para Jair Bolsonaro en Brasil, ofreció su tecnología al entonces candidato libertario. El encuentro entre el mercenario del odio y el odiador natural resultó decisivo. La palabra troll proviene de una técnica de pesca y de los monstruos de la mitología vikinga, que según National Geographic eran “brutales y codiciosos” y se dedicaban a “aterrorizar a comunidades indefensas”.
Milei no se limitó al mundo digital: utilizó tribunas públicas para trolear a mandatarios extranjeros, como en España y Brasil, provocando conflictos diplomáticos. También troleó a economistas, periodistas, artistas y empresarios que discrepan con su dogma. En sus últimas apariciones, incluso se permitió trolear a la sociedad, desmintiendo las evidencias de sus penurias y cuestionando el malestar general, aunque confesó: “La foto sigue siendo horrible”, para luego asegurar que “la película es la mejor de la historia argentina”.
El presidente ha montado una máquina de barro con vida propia, que enloda a todos los vecinos ideológicos y a todas las veredas políticas. Disociado de su propio gabinete, habilita que sus seguidores profieran agravios racistas y homofóbicos, y él mismo patrulla la zona con insultos cada vez más dislocados. Durante las últimas horas llamó “mierda humana” a dos periodistas que lo cuestionaban. Además, avaló que una diputada de su entorno se riera de la expareja de Cerimedo, quien estaba embarazada y recibió heridas graves por disparos.
El troleo es el deporte de los cobardes que necesitan ver sangrar a otros para sentirse vivos, y se ha convertido en un caldo de cultivo para quienes brindan estas prestaciones al populismo de derecha. Como pensaba Umberto Eco: “Internet le dio voz a legiones de idiotas que antes solo hablaban en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ahora tienen el mismo derecho a hablar que un Premio Nobel. Es la invasión de los idiotas”.
Una gestión política debe valorarse por su efectividad y transparencia, pero la gente también evalúa la calidad humana de sus representantes. Ese índice está bajísimo en Argentina y debería preocupar a quienes trabajan para una reelección: el espectáculo de un hater que utiliza la inmunidad presidencial para insultar a cualquiera provoca primero risas, luego estupor y más tarde horror y hartazgo. Pronto podría ocurrir que esa patología sea piantavotos.
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