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Milei, Vaca Muerta y la inflación: la puja que define el escenario electoral hacia 2027

El oficialismo enfrenta una oposición kirchnerista con incentivos renovados y un plan económico que ya muestra ganadores y perdedores

Redacción5 min de lectura
Milei vs. el kirchnerismo: la puja por Vaca Muerta y las delicias de la inflación

El proyecto político de Javier Milei corre con una desventaja competitiva de cara a 2027: una oposición dura kirchnerista que llegará a esos comicios con motivaciones recargadas para recuperar el poder. Según el análisis, se trata de un sistema de tres incentivos que convierten al próximo proceso electoral en un escenario novedoso y, por eso, más impredecible que los anteriores.

El primero de esos incentivos es Vaca Muerta como una caja multimillonaria disponible como la política argentina nunca tuvo. El segundo es una macroeconomía relativamente ordenada, con el ajuste electoralmente costoso ya realizado y los beneficios en marcha de una inflación a la baja, un contexto que le fue negado a los candidatos presidenciales de las últimas cinco elecciones. El tercero es una disciplina electoral kirchnerista bien entrenada, capaz de suspender las internas feroces y alinearse detrás del poder para recuperar la Presidencia, aunque no se sostenga a la hora de gobernar.

En ese marco, para Milei y los libertarios 2025 estuvo signado por lo que describen como "el golpismo" kirchnerista. El Congreso fue el ámbito de una lucha descarnada: el oficialismo interpreta las batallas legislativas por las emergencias en el Garrahan, la discapacidad y el financiamiento universitario como intentonas contra el equilibrio fiscal, es decir, contra el corazón del modelo mileísta. La Ley de Presupuesto que se debatirá en breve caerá en la misma lógica política.

En ese marco mental, 2027 será todavía peor porque lo que está en juego es mucho más grande para cualquier fuerza con aspiraciones de poder. El kirchnerismo quizás sea la única con alguna ventana de oportunidad. El perokirchnerismo cifra su esperanza en una PASO que consolide la unidad que hoy le es esquiva y en un balotaje que triunfe quedándose con el voto disconforme con Milei.

La oposición dura ya lanzó al ruedo su primera munición: los morosos como sujeto político. Le dio rédito para condicionar la agenda del Gobierno durante semanas. Ahora está en ciernes de aprovechar otra: "los sectores perdedores".

Con los morosos, el oficialismo tardó en reaccionar y debió corregir su narrativa, sostenida sobre todo por Milei y Luis Caputo. El posicionamiento arrancó con dos planteos: por el lado del Presidente, una mirada libertaria ortodoxa que responsabilizaba a los individuos por su endeudamiento bajo la idea de "un acuerdo entre privados"; por el lado del ministro, el matiz de los morosos como especuladores modelo 2025. "No sé si vos tomaste mal el crédito porque no llegabas a fin de mes o porque alguien te había contado que Milei se iba y el dólar se iba a ir a 3000", había planteado Caputo.

Después de semanas intensas de debate, el oficialismo dejó de lado la carta de la especulación y amplió la noción de "acuerdo entre privados": extendió la responsabilidad al sector financiero, al que juró no ayudar para evitar el "moral hazard". Con ese giro aflojó su frialdad con los morosos, que le estaba costando en las encuestas, y reforzó la identidad libertaria de un Estado que no sale al rescate de sectores en problemas.

El Gobierno sintió que salía de la encerrona recién cuando un particular, el sociólogo Matías Fernández, vinculado profesionalmente a Mercado Libre, posteó en X un informe sobre la estructura y el peso realista de la mora, titulado "Todo lo que querías saber de la mora (pero tenías miedo de preguntar)". Esos datos relativizaron el peso extra large que la oposición pretendió instalar. Fue el primer salvavidas eficaz, pero dejó en claro la falta de estrategia oficial para la argumentación informada sobre el plan económico: ese informe, con datos de la Central de Deudores del Banco Central, pudo haber sido tarea de la Oficina de Respuesta Oficial.

La batalla se da ahora en torno a los "sectores perdedores". Los primeros registros de los efectos dispares del plan se sintetizaron en la noción de "heterogeneidad": en marzo esa palabra se instaló para conceptualizar la lógica macroeconómica mileísta y sus efectos diversos en la matriz productiva. Ahora hay un salto de escala: lo que era heterogeneidad empieza a ordenarse en un opuesto cada vez más gravoso para la visión económica del Gobierno, "sectores perdedores versus sectores ganadores", y un estancamiento en esa dicotomía que habla de los límites del plan en el corto y mediano plazo.

Un intérprete de la visión de la oposición dura lo dice de otra manera: "derrame inverso". Ya no el derrame clásico, que supone que la ortodoxia económica termina generando consecuencias positivas para toda la economía. En el caso mileísta, según la conceptualización que refuerza el kirchnerismo, un ordenamiento macroeconómico que genera efectos colaterales negativos en la industria, la construcción y el consumo masivo, y que beneficia a la minería y al oil & gas.

En ese punto el Gobierno lo tiene más complicado que con los morosos. El impacto en el empleo está en el centro del problema. Esos sectores pujantes no solo son los que menos empleo generan comparado con los perdedores, sino que además los ganadores también están perdiendo empleo formal privado. En noviembre de 2023, el sector de oil & gas registraba 94.600 personas asalariadas; en septiembre de 2025, los asalariados se habían reducido a 87.500: una pérdida de 7000 empleos formales.

Las razones tienen que ver con características estructurales del sector, donde la tecnologización reemplaza mano de obra y hay una racionalización de costos. También hay factores coyunturales: la reducción de la producción en las cuencas maduras afecta directamente al empleo. Son sectores ganadores si se tiene en cuenta su capacidad de exportar cada vez más y generar divisas, aumentar su rentabilidad y aportar al crecimiento del PBI, pero también muestran fisuras en la creación de puestos de trabajo.

Por qué importa

El debate sobre ganadores y perdedores del plan económico define el humor social y el voto de cara a 2027. El empleo formal en sectores clave como oil & gas ya muestra caídas que la oposición busca capitalizar.

Qué sigue

El debate de la Ley de Presupuesto será el próximo test legislativo y marcará la lógica política del año electoral. La oposición buscará instalar los "sectores perdedores" como eje de campaña.

Fuente: LA NACION

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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