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La guerra entre Estados Unidos e Irán se estanca en un desgaste mutuo sin salida

Seis meses después del inicio del conflicto, no hay vencedores y el cierre de Ormuz agrava la crisis energética global.

Redacción2 min de lectura
La guerra entre EE.UU. e Irán

A más de medio año del inicio de la guerra que lanzaron Estados Unidos e Israel contra Irán, el balance es desolador: no hay ofensiva decisiva, no hay rendición, miles de muertos, economías golpeadas y un conflicto estancado en una lógica de desgaste mutuo. Los promotores de la guerra han quedado hundidos en un pantano estratégico del que no parece haber salida viable.

El cierre del estratégico estrecho de Ormuz, por donde antes pasaba el 20% del crudo mundial, agravó el panorama. Tras el bloqueo militar iraní del 28 de febrero, el tráfico de buques se desplomó: entre el 1° y el 27 de febrero promedió 129 naves por día, según la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD).

Este estrangulamiento provocó un efecto dominó en los mercados energéticos. Europa, China, India y el propio Irán padecen el conflicto. La incertidumbre disparó los precios del crudo y generó una ola inflacionaria que golpea a las economías occidentales.

La falta de resultados deterioró la credibilidad del presidente Donald Trump. Su índice de aprobación se desplomó a mínimos históricos: apenas el 31% de los estadounidenses apoya la acción militar contra Irán, frente al 37% en marzo, según la encuesta más reciente de Reuters/Ipsos.

En el Congreso, los republicanos presionan para poner fin al conflicto y los demócratas advierten contra un nuevo Vietnam en Medio Oriente. El malestar por el incremento del costo de vida y las advertencias militares sobre el agotamiento de recursos estratégicos preocupan a los aliados de Trump ante las elecciones de medio término del 3 de noviembre.

Trump promete ahora aislar económicamente al régimen islámico con una guerra económica para colapsar su economía. Pero Irán está acostumbrado a las sanciones, tiene canales para eludir embargos y su régimen no tiene límites en el daño que puede infligir a sus ciudadanos.

Sin embargo, Irán está cada día más empobrecido. Las sanciones coordinadas con la Unión Europea dejaron las exportaciones de crudo en mínimos y faltan insumos para hospitales e industria. El gobierno usa el conflicto para justificar la represión interna y responde con misiles y ciberataques a través de sus aliados en Irak, Líbano y Yemen.

Washington está empantanado en una guerra de resistencia. Estados Unidos conserva la fuerza para castigar, pero no para declarar victoria. Irán mantiene la capacidad de perturbar el Golfo, pero no de romper su aislamiento. La estrategia de máxima presión no logró el cambio de régimen, pero le dio al gobierno iraní la excusa para cerrar filas.

Nadie quiere admitir la derrota. Mientras Ormuz siga siendo rehén de la guerra, ningún gobierno podrá declarar el triunfo. Los canales de comunicación indirecta se rompieron. Qatar y Paquistán insisten en una salida diplomática, pero la relación está en un punto muerto. La diplomacia es el único camino razonable para terminar con esta guerra que ya demostró el daño que puede ocasionar y lo poco que puede solucionar.

Fuente: LA NACION

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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