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La obsesión por los zapatos: del placer al padecer en la historia del calzado

Desde las sandalias prehistóricas hasta los stilettos, el calzado marcó la evolución de la moda y la sociedad.

Redacción2 min de lectura
La obsesión por los zapatos: del placer al padecer en la historia del calzado
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Los zapatos no solo protegen los pies: a lo largo de la historia fueron símbolo de estatus, objeto de deseo y, en muchos casos, fuente de sufrimiento. Desde las primeras sandalias de fibras naturales halladas en una cueva de Missouri con más de 8.000 años de antigüedad, hasta los sofisticados stilettos del siglo XX, el calzado acompañó a la humanidad en su caminata por la historia.

En la antigua Roma, la diferencia entre una caliga con clavos y un cálceo cerrado marcaba el lugar en la pirámide social. Pero la verdadera locura estética llegó en la Edad Media con las poulaines, cuyas puntas kilométricas desafiaban la física, y las chopines venecianas, plataformas de casi medio metro que obligaban a las nobles a caminar con ayuda de sirvientes.

Hacia el final del reinado de Isabel I aparecieron en Inglaterra los tacos, tanto para hombres como para mujeres. Sin embargo, la complejidad de las hormas llevó a fabricar zapatos "rectos", sin pie izquierdo ni derecho: era el propio cuerpo el que debía domar el cuero a fuerza de ampollas.

En el Versalles de María Antonieta, los zapatos eran obras de arte político y frivolidad. Las mujeres lucían tacos de seda, satén y terciopelo, adornados con hebillas desmontables que funcionaban como joyas. Tras la Revolución Francesa, los tacos altos desaparecieron para dar paso a versiones más utilitarias y democráticas: zapatos planos, de punta cuadrada, con modestos lazos o cintas atadas al tobillo.

El siglo XIX trajo la sobriedad, y los años veinte, los zapatos con pulsera cuando subieron los dobladillos. Pero el gran hito llegó en los años cincuenta con el stiletto, esa aguja de plástico moldeado con un perno de acero adentro, atribuida a Roger Vivier y André Perugia. Transformó la pisada femenina en un arma de precisión y en el símbolo definitivo de la libertad de posguerra.

Paralelamente, la bota de lluvia logró el salto de las trincheras a las pasarelas. El Duque de Wellington le ordenó a su zapatero modificar las botas militares para la vida de campo, y el invento pasó de ser un fetiche aristocrático a una salvación masiva gracias a Charles Goodyear y su proceso de vulcanización.

La historia del calzado es también una historia de sutiles torturas aceptadas en nombre de la vanguardia. Desde los pies vendados de las mujeres chinas hasta las ampollas por los zapatos rectos, el padecer estuvo siempre ligado al placer estético. Como dice el refrán materno: "Cuídate siempre los pies".

Fuente: Lanacion.

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