La plaza Borges de Recoleta, rediseñada como un laberinto inspirado en sus poemas
El espacio verde, junto a la Biblioteca Nacional, sumó un laberinto, un mural y accesibilidad tras una renovación.

La Plaza Jorge Luis Borges, en Recoleta, reabrió hace unos meses tras una renovación que la transformó en un espacio que remite al escritor. Ubicada en Austria y avenida Las Heras, a pasos de la Biblioteca Nacional, la plaza pasó desapercibida durante años por su particular disposición en altura y entre edificios. Ahora, un laberinto, un mural y otros elementos buscan darle una identidad propia.
La intervención, coordinada por las arquitectas Giuliana Brandi y Mariana Mungo, partió de una pregunta: cómo hacer visible un espacio verde que, por su ubicación, puede pasar inadvertido. El proyecto incluyó un laberinto con recorridos bifurcados, bancos con códigos QR para acceder a la biblioteca digital Borges, y un gran mural en una de las medianeras.
“Había una contradicción porque la plaza ya se llamaba Jorge Luis Borges, pero no había ningún elemento que le diera esa identidad”, explicaron las arquitectas. El diseño tomó como referencia dos poemas vinculados con la figura del laberinto, un tema recurrente en la obra del escritor.
Desde arriba se distingue la forma completa del laberinto: una sucesión de líneas curvas que se internan unas en otras. A nivel del peatón, el recorrido se descubre por tramos, con curvas y aperturas que se revelan a medida que se avanza. Además, se incorporó una rampa para conectar los distintos niveles, y los canteros tienen un ancho que permite el paso de sillas de ruedas.
La fuente de agua, que estaba fuera de funcionamiento, fue recuperada. “El sonido del agua genera una atmósfera mucho más tranquila y más pacífica dentro de lo que es el caos de la ciudad”, destacaron las responsables del proyecto.
El mural, que combina superficies verdes y rosas, está dividido en dos escenas. En una aparece la frase “Yo siempre me había imaginado el Paraíso bajo la especie de una biblioteca”, de la conferencia “La ceguera”, incluida en Siete Noches (1980). En la otra, una mano sostiene una pieza de ajedrez, en referencia al poema Ajedrez.
La plaza comparte la manzana con la Biblioteca Nacional, de la que Borges fue director entre 1955 y 1973, y con el Museo del Libro y de la Lengua. La cercanía con la trayectoria del escritor fue otro punto de partida para el diseño.
Durante una recorrida, se observó que muchos visitantes se sientan a leer o almorzar. Sofía, docente, contó que descubrió el lugar “hace poco” y que le encanta: “Es muy tranquila; hay días en que justo donde está el laberinto da el sol al mediodía y está hermoso”. Valentín, otro usuario, recordó que antes era una explanada de pasto y que ahora suele acercarse para almorzar.
La renovación también buscó que la plaza dejara de confundirse con los edificios que la rodean. Los nuevos elementos agregaron referencias que permiten reconocerla como un espacio con identidad propia, a la vez que invitan a detenerse y recorrerla.
Fuente: LA NACION
Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.
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