Historia

La República de La Boca: la historia del barrio que se rebeló contra Argentina

Un conato de independencia genovesa del siglo XIX inspiró una tradición que persiste con gobiernos simbólicos y hasta 25 ministerios.

Redacción3 min de lectura
La República de La Boca: la historia del barrio que se rebeló contra Argentina
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En el corazón de La Boca, junto al Riachuelo, funciona desde 1986 la Tercera República de La Boca, una institución que mezcla historia real con celebración identitaria del barrio porteño más legendario de Buenos Aires. Su presidente actual, Pablo Abbatángelo, porta una banda presidencial que encadena las banderas de Boca, River, Italia y Génova, símbolos que sintetizan la raíz del territorio. Su misión, según define, es "mantener principalmente nuestras tradiciones y nuestras costumbres".

La República cuenta con 25 ministerios, un Palacio Oficial para Fiestas y Banquetes (la pizzería Banchero) y sede en el Museo Histórico de La Boca, que ocupa el edificio del antiguo Nuevo Banco Italiano. Pero detrás de este armazón lúdico existe una trama histórica que se remonta al siglo XIX, cuando genoveses que dominaban el comercio y la mano de obra portuaria intentaron, en serio, constituirse en república independiente.

Según Martín Scotto, presidente de la Fundación Museo Histórico de La Boca y primer ministro de la república actual, el hecho originario ocurrió entre 1870 y 1890. Hay dos antecedentes documentados: una nota de la revista Caras y Caretas de 1904, donde Blas Vidal relata que vecinos se juntaron para reclamar autonomía del barrio—que entonces dependía administrativamente de Barracas y San Telmo—, y grupos italianos aprovecharon la revuelta para declarar la independencia de La Boca del país.

El otro antecedente se sitúa en 1882, cuando existía un sistema de explotación laboral entre genoveses. Operarios y patrones de esa comunidad se reunieron en la Sociedad Italiana y argumentaron que el gobierno argentino no podía inmiscuirse en sus asuntos. Crearon entonces la República Independiente, izaron bandera propia y prepararon una carta dirigida al rey italiano Humberto I—misiva que aparentemente nunca fue enviada.

El experimento duró poco. Julio Argentino Roca, entonces presidente de la Nación, fue alertado por Pepe Fernández, un caudillo político boquense afín al régimen. Roca marchó con el ejército hacia el barrio y los genoveses, atemorrados, desistieron de su independencia. Al día siguiente, cuenta la tradición, bautizaron una calle con el nombre del mandatario nacional.

La presencia de genoveses en La Boca se explica por el libre comercio que Argentina estableció después de 1810. Génova poseía la principal flota mercante mundial, y el puerto natural de Buenos Aires era La Boca. Desde 1820-1830 arribaban naves genovesas cuyos marineros desertaban y se quedaban, atrayendo después a sus familias. No venían huyendo del hambre, sino buscando negocios: reparaban embarcaciones, construían barracas para almacenar mercaderías, comerciaban. Crearon el primer núcleo urbano del barrio, aunque la vida era dura, con inundaciones frecuentes y falta de infraestructura.

El aislamiento geográfico también alimentó el sentimiento independentista. El Río de la Plata llegaba hasta Paseo Colón, y entre el Parque Lezama y la Torre del Fantasma (en Villafañe y Almirante Brown) había catorce cuadras de pantanos y juncales. Esa separación física impulsó que La Boca creara sus propias instituciones de socorro mutuo y hasta sus Bomberos Voluntarios.

La idea republicana no murió con el despliegue militar. La Primera República de La Boca funcionó entre 1907 y 1923. La Segunda, fundada por el pintor Quinquela Martín y Víctor Quintana, operó desde entonces hasta 1973. Rubén Granara Insúa, anticuario e historiador, creó la actual en 1986 con el objetivo de preservar y difundir la identidad boquense. Él concibió la conversión del edificio del Nuevo Banco Italiano—vandalizando en los años 80—en sede de la Fundación Museo Histórico y de la República de La Boca, proyecto que logró financiar con aportes comunitarios.

Hoy, el museo exhibe en vitrinas—antiguos mostradores del banco—los atributos presidenciales, banderas y documentos de estas repúblicas. Granara Insúa murió en 2022 dejando estructurado todo para que Scotto, abogado, y Abbatángelo, arquitecto, condujeran la institución. La República persiste como símbolo vivo de una identidad que se niega a disolverse.

Fuente: La Nación.

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