Historia

Los Galgos: casi 150 años de historia en una esquina de Buenos Aires

El bar emblemático de Callao y Lavalle funcionó antes como residencia familiar, sede de Singer y farmacia. Fue refugio de tangueros y se remodelaron sus espacios sin perder su esencia.

Redacción3 min de lectura
Los Galgos: casi 150 años de historia en una esquina de Buenos Aires
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Los Galgos, ubicado en la esquina de Callao y Lavalle, es uno de los bares notables de Buenos Aires que conserva la estética del Buenos Aires de principios del siglo XX. El edificio que lo alberga tiene un origen aún más antiguo: data de 1879, mientras que el bar abrió sus puertas recién en 1930, cuando un inmigrante asturiano compró la propiedad y eligió ese nombre en homenaje a su tierra y su pasión por las carreras de perros galgos.

Antes de convertirse en el legendario bar, la construcción de estilo italiano fue residencia de la familia Lezama durante más de treinta años. Posteriormente funcionó allí la sede comercial de máquinas de coser Singer, empresa cuya casa central en Buenos Aires estaba en Avenida de Mayo 1396. A finales de los años veinte, el espacio se transformó en una farmacia que cerró sus puertas poco después.

El asturiano que adquirió el local buscó imitar los bares madrileños e incluso trajo mobiliario desde España. En 1948, lo compró la familia Ramos, que lo dirigió durante décadas hasta que falleció el último de los hermanos a mediados del 2000. Aquella gestión consolidó a Los Galgos como punto de encuentro de la bohemia porteña: tangueros como Enrique Santos Discépolo, Aníbal Troilo, Osvaldo Pugliese y Julio De Caro frecuentaban sus mesas. Se dice que fue en una de ellas donde Discépolo se inspiró para escribir Cafetín de Buenos Aires.

A lo largo de su historia, el bar también atrajo al músico Luca Prodan, al filósofo Juan José Sebrelli, al director de teatro Gonzalo Di María y políticos del radicalismo, gracias a su proximidad con la sede de la UCR y con SADAIC, ubicada a metros de distancia.

El espacio conserva rasgos arquitectónicos originales de gran valor. El piso mantiene mosaicos de piedra caliza típicos de los antiguos almacenes porteños, la barra de madera es un ícono del lugar, y los espejos amplían visualmente el salón. La carpintería original se preserva en puertas, ventanas y detalles de madera. Una escalera de madera también primitiva permite acceder a la planta alta, respetando la distribución de la casa de los Lezama. En el primer piso, grandes ventanales crean la ambientación característica de un bar porteño clásico.

En 2015, Julián Díaz y Florencia Capello compraron la propiedad a los herederos de los Ramos y realizaron una remodelación exhaustiva. El estudio de arquitectura CHD Arquitectos, liderado por Teresa Chiurazzi y Luis Diaz, completó el trabajo en solo seis meses, buscando realzar el patrimonio e integrar elementos contemporáneos sin perder la esencia histórica.

Durante la restauración, los nuevos dueños recuperaron mobiliario original que se había vendido en remates posteriores al cierre, incluyendo uno de los galgos de cerámica blanca que caracterizan al lugar. Reinstalaron la boiserie y la alzada original de la barra. Las instalaciones eléctricas, sanitarias y de climatización se renovaron completamente, así como los baños, aunque se conservó una de las antiguas letrinas como elemento decorativo. El sótano se amplió para albergar hornos, cocinas y cámaras frigoríficas sin alterar la identidad del sitio.

La gastronomía evolucionó desde su condición original de café tradicional con sándwiches y minutas. Hoy la carta es más amplia: buñuelos de acelga con alioli, revuelto gramajo y milanesa a caballo con papas triple cocción son platos estrella, acompañados por una sección de tapas. La pastelería es de elaboración propia, con medialunas de manteca y alfajores de maicena. El vermú se sirve con ingredientes y la oferta de tragos es variada.

Los Galgos fue declarado Sitio de Interés Cultural por la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y ostentar el sello de Buen Diseño Argentino otorgado por el Ministerio de Producción de la Nación. Hoy es un imán para curiosos y turistas que buscan respirar historia en un bar típicamente porteño.

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