Cultura

Los murales de Galerías Pacífico cumplen 80 años: la historia de una obra monumental

Cinco maestros pintaron la cúpula del edificio de Florida y Córdoba en 1946; hoy siguen asombrando.

Redacción2 min de lectura
Murales de Galerías Pacífico: los 80 años de una conversación interminable

En pleno Microcentro, sobre las cabezas de los transeúntes, Galerías Pacífico guarda un tesoro artístico que cumple 80 años. La cúpula del edificio, ubicado en Florida y Córdoba, está cubierta por murales que pintaron Antonio Berni, Lino Enea Spilimbergo, Juan Carlos Castagnino, Demetrio Urruchúa y Manuel Colmeiro en 1946.

La obra, de 450 metros cuadrados, fue un desafío técnico y artístico que los cinco encararon como parte del Taller de Arte Mural. Hoy, el mural sigue en pie, integrado al shopping, y se ha convertido en un ícono del arte público argentino.

La historia comenzó cuando el edificio, que había sido proyectado como una tienda estilo parisino, se convirtió en el escenario de una empresa inédita. Los artistas, de ideología “social”, buscaban acercar el arte a las mayorías. La cúpula, que sería vista por miles de personas, se transformó en un lienzo gigante.

La tarea no fue sencilla. Castagnino, en una carta a su esposa Nina, describió la empresa: “La tarea es bravísima”. Y explicó: “Hubo que hacer varios ensayos (…) y entre 5 o seis sostener el armatoste mientras uno calcaba. Luego la deformación es tan grande que no se aprecia nada desde el andamio”. Los artistas tuvieron que bajar y desarmar la estructura para corregir sus bocetos.

La experiencia previa había sido limitada. Berni recordó que el primer experimento moderno de muralismo se realizó a mediados de la década del 30 en la quinta de Natalio Botana, en Don Torcuato. Allí, junto a David Alfaro Siqueiros, Castagnino y Spilimbergo, crearon el mural Ejercicio Plástico, que luego fue trasladado al Museo Casa Rosada. Para Berni, los murales de Galerías Pacífico significaron “una segunda etapa, de mucha más envergadura”.

El resultado es un conjunto de cinco escenas que dialogan entre sí. Castagnino pintó La vida doméstica; Spilimbergo, El dominio de las fuerzas de la naturaleza; Colmeiro, imágenes del mar que evocan su Galicia natal; Urruchúa, La Fraternidad; y Berni, El amor o Germinación de la tierra. Cada una refleja un mundo propio, pero juntas conforman una conversación visual sobre la convivencia humana.

La historiadora del arte Diana Wechsler destacó la importancia de esta obra en la historia del muralismo argentino. Los artistas, que ya eran reconocidos, lograron plasmar una idea colectiva en un espacio público, desafiando las limitaciones técnicas de la época.

Hoy, 80 años después, los murales siguen sorprendiendo a quienes los descubren. En medio del bullicio comercial, la cúpula invita a levantar la vista y reflexionar. La obra, que no pide silencio ni cobra entrada, permanece como un testigo mudo de la historia y un recordatorio del poder del arte para unir a las personas.

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