Cultura

Luces de Milongas: el fotolibro de Julio Foster que retrata el alma de los salones porteños

El fotógrafo presenta mañana su obra en Adrogué, con prólogo de Javier Barreiro y textos de especialistas.

Redacción2 min de lectura
Un fotógrafo de vida errante acaba de publicar un libro que retrata las milongas porteñas

Julio Foster define a la fotografía como una fascinación. Ese sentimiento nació cuando, de chico, vio su propia imagen revelarse en el cuarto oscuro de su abuelo. Desde entonces, la cámara lo acompañó en un periplo que lo llevó por España, Misiones y Catamarca, hasta volver a su Adrogué natal.

Mañana, sábado 22 de agosto a las 17, presentará su fotolibro Luces de Milongas en la Biblioteca Esteban Adrogué, en La Rosa 974. La obra, prologada por Javier Barreiro, catedrático de la Academia Nacional del Tango, incluye textos de Bruno Napoli, Alfredo Ramos y el productor Alfredo Svarzchtein.

El camino de Foster comenzó tras la secundaria y la colimba, cuando trabajó como meritorio en un estudio de fotografía publicitaria. Luego viajó a España, donde pensaba quedarse un par de años, pero fueron 34. Vivió en Menorca y Zaragoza, y trabajó como free-lance para medios, agencias, moda y publicidad. También ilustró libros de turismo, arte, arquitectura y geología.

Sin embargo, siempre lo marcó su infancia en Adrogué, con escapadas en bici a Finky o al arroyo del Rey, lugares que hoy parecen "casi salvajes". "Las ciudades me oprimen", confiesa, y recuerda que Zaragoza, más provinciana y cercana al Pirineo, le resultaba más parecida a ese Adrogué de aventuras.

Ese espíritu nómade lo llevó también a convivir con pueblos originarios: estuvo en Tamanduá, un poblado mbyá-guaraní de Misiones, y en Fiambalá, Catamarca, donde se acercó a la cultura de los antiguos del Territorio Abarcan. De esa experiencia también hizo un fotolibro.

La fascinación por las milongas surgió casi por casualidad. "Un día, un poco bajo presión de mis colegas y amigos en España, me acerqué en Buenos Aires a fotografiar tres milongas", relata. "Me fascinó la diferencia de ambientes que se palpaba en cada una de ellas". De vuelta en Zaragoza, hizo una muestra que atrajo a milongueros locales, quienes lo invitaron a festivales y milongas. "Sinceramente quedé seducido porque cada uno de esos festivales y milongas tienen personalidad propia", asegura.

Las imágenes que fue subiendo a su cuenta de Instagram llamaron la atención de Alfredo Svarzchtein, editor y ahora amigo, quien le propuso publicar el libro. Algunas fotos pueden verse en @julioefoster, donde también se puede solicitar el formulario para comprar un ejemplar.

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