Cultura

Malba cumple 25 años y presenta su proyecto de expansión subterránea

El museo fundado por Eduardo Costantini celebró un cuarto de siglo con una muestra de Frida Kahlo y el anuncio de una ampliación que conectará sus dos edificios con la plaza

Redacción••3 min de lectura
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Malba, mucho más que una colección

El Malba celebró sus 25 años en Buenos Aires con una doble noticia: la inauguración de una exposición intimista sobre la vida de Frida Kahlo y la presentación del proyecto de expansión que llevaba años de demoras. La ampliación se desarrollará en una plaza y sumará una instalación subterránea que enlazará el espacio público con los dos edificios del museo, lo visible y lo oculto bajo la superficie.

El plan se inspira en las pirámides de cristal de I. M. Pei en el Louvre: una escalinata abierta hacia la plaza conectará el exterior con las nuevas salas. Así, el Malba busca ganar metros sin desvirtuar el entorno urbano, en una intervención que transforma el espacio público y lo integra a la vida del museo.

La historia del Malba comenzó en 1995, cuando Eduardo Costantini disputó en subastas internacionales piezas clave del arte latinoamericano: el Abaporu de Tarsila do Amaral, el Autorretrato con chango y loro de Frida Kahlo y la Composición simétrica en blanco y negro de Joaquín Torres García. Con esas incorporaciones, su colección alcanzó la altura de las grandes cumbres de la región.

El museo abrió sus puertas en 2001, en un momento difícil de la Argentina. Fue, según se recuerda, un acto de coraje y esperanza. Desde entonces no dejó de crecer y enriquecer sus colecciones con donaciones de Costantini. A esta altura, cientos de millones de dólares se invirtieron en cultura para todos: los cuadros podrían colgar en una casa privada, pero su satisfacción fue ofrecerlos a la mirada colectiva.

En el terreno de la difusión del arte latinoamericano, el Malba cumplió un rol central. La fragmentación nacional suele privar de una visión de conjunto, sustantiva para configurar una civilización. Hay una unidad en una gran diversidad, producto de la historia y los sincretismos culturales: la Indoamérica que recorre los Andes, la Afroamérica del Atlántico y el Caribe, la Euroamérica del Sur. Todas arrastran la fuerza de la vida precolombina y la personalidad de sus etnias.

Hasta Joaquín Torres García, con su constructivismo y su mundo de abstracciones, recibió ese influjo. No solo dibujó el mapa al revés, con el sur como norte, sino que recogió de los ancestros peruanos la geometría y los colores asordinados de la tierra. Son pocos los museos que intentan ofrecer esa visión panorámica, ninguno con la amplitud y riqueza de la colección del Malba.

La presencia brasileña ocupa un lugar importante en ese relato, normalmente distante de lo hispanoamericano. Su enorme territorio le impuso desde el primer día el desafío de ocuparlo e incorporarlo a un Estado que no vivió la fragmentación del mundo hispánico. Fue una historia muy distinta: sin revolución de independencia ni héroes a caballo. Brasil tuvo que mirarse hacia adentro, como ocurrió con Estados Unidos, y fue un desconocido para el resto de América Latina.

En una mirada más amplia, es fundamental el impacto de una institución cultural en una ciudad. Basta recordar lo que significaron para París, Londres o Roma el peso de su historia. El desafío es para quienes no poseen esa herencia. Washington dejó de ser solo la sede administrativa de una república imperial cuando el Kennedy Center y la National Gallery elevaron su categoría. Bilbao, con su crisis industrial y la ETA, renació el día en que el Guggenheim se instaló, en 1997, y le cambió hasta el humor.

No siempre se comprende que estas inversiones culturales son parte del desarrollo social y aun económico. Dan prestigio, solvencia y la respetabilidad necesaria hasta para el mundo de las finanzas, además de atracción turística, generadora de trabajo e intercambios. El Malba le agregó a Buenos Aires un aire de capitalidad cultural latinoamericana de resonancia inédita.

A sus 80 años, Costantini se preocupa por el futuro del museo. Su obra es ya un patrimonio nacional y, si fue creada por su generosidad, el país entero recibirá algún día ese legado como una herencia a conservar, tan valiosa como las escuelas de Sarmiento o los poemas de Borges.

Por qué importa

La ampliación del Malba consolida a Buenos Aires como capital cultural latinoamericana y refuerza un proyecto que invirtió cientos de millones en arte accesible para todos. La obra pública y privada en cultura impacta en turismo, empleo y prestigio internacional.

Qué sigue

Resta conocer los plazos y el financiamiento de la expansión subterránea, además de cómo se integrará la escalinata con la plaza. El proyecto deberá atravesar aprobaciones urbanísticas antes de su ejecución.

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