Manuel Vilas: "El amor necesita un cultivo diario o termina muriéndose"
En su nueva novela, Islandia, el escritor español convierte una ruptura sentimental en una exploración sobre el amor, el duelo y la reconstrucción personal.

El escritor español Manuel Vilas convierte una ruptura sentimental en el punto de partida de su nueva novela, Islandia (Destino). La obra, que ya está en librerías, indaga en el amor, el duelo y la necesidad de reinventarse después de una separación. "El amor necesita un cultivo diario o termina muriéndose", sostiene el autor en diálogo con Prensa X.
La novela nace de una experiencia personal: una noche, mientras Vilas estaba en Sevilla por una conferencia, escuchó por teléfono la frase "ya no estoy enamorado de ti". Esas palabras, que marcaron el comienzo de su divorcio de la también escritora Ana Merino, se convirtieron en el germen de una historia que transcurre entre el presente y los recuerdos de un amor que se desvanece.
El narrador, un hombre de 64 años que acaba de quedarse solo, busca consuelo en los muertos: sus padres ya no están, y los invoca para que lo auxilien en un momento devastador. "Cuando a un ser humano le pasa algo siempre busca el consuelo de sus padres. Es un regreso a la infancia", explica Vilas. "Pero un hombre de sesenta y cuatro años ya no tiene a sus padres. Entonces los busca entre las sombras".
La estructura fragmentaria de la novela responde al estado psicológico del narrador, que alterna el presente con los primeros tiempos del amor, cuando existía "una efervescencia erótica" y "una ilusión infinita". Para Vilas, esos momentos de plenitud son "los grandes momentos de plenitud" que todos los seres humanos están llamados a conocer alguna vez. "Existe una plenitud biológica, asociada al erotismo y al sexo, y otra cultural, que tiene que ver con la comunión, la complicidad, la amistad y la confianza", asegura.
El autor también reflexiona sobre el pésame, un ritual que considera "un misterio del ser humano" porque expresa compasión pero no alcanza a aliviar el dolor del otro. "No puedes entrar en el cuerpo del otro y sufrir por él", dice. "El misterio del cristianismo es precisamente alguien que lleva en su cuerpo el sufrimiento de todos los demás".
Vilas afirma que la novela está escrita "a pie de divorcio" y que ya no podría volver a escribirla. "Sabía que o la escribía simultáneamente a esa experiencia o la perdía para siempre", confiesa. La escritura le permitió identificar la vida con el instinto de supervivencia, "la mayor fuerza que hay en la vida".
Para el autor, un divorcio implica "quedarse sin identidad" porque una relación amorosa construye una identidad compartida. "Cuando eso desaparece, hay que reconstruirse", dice. "Todo el mundo me dice: 'Te tienes que reinventar'. Significa construir una identidad distinta de la que tenías con tu mujer o con tu marido".
Consultado sobre qué es el amor para él, Vilas responde: "El amor lo es todo. Es la gran fuerza de la vida. Es un misterio también, y además es histórico: sus formas evolucionan". Y agrega: "No se puede vivir sin amor. La vida se resiente, aparece una forma de decepción, de amargura".
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