Psicología

Marian Rojas Estapé: "Le metimos el 2X a la vida y olvidamos los matices"

La psiquiatra española advirtió que la aceleración constante permite recibir información pero impide procesarla y conectarse con el mundo interior.

Redacción••2 min de lectura
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Marian Rojas Estapé, psiquiatra, reflexionó acerca de los vínculos: “Nos dedicamos a ver el grueso y olvidamos los matices”

La psiquiatra española Marian Rojas Estapé reflexionó sobre el ritmo de vida actual y advirtió que la costumbre de hacer todo a mayor velocidad permite recibir grandes cantidades de información, pero dificulta comprender los detalles. Lo hizo durante una conferencia cuyo fragmento compartió después en su cuenta de Instagram.

La especialista describió ese fenómeno como el “2X de la vida”: la necesidad de hacer, mirar y consumir cada vez más rápido, sin reservar un momento para procesar lo que se recibe. “Le metimos el 2X a la vida. Nos dedicamos a ver el grueso y olvidamos los matices”, sostuvo.

Rojas Estapé usó como ejemplo la costumbre de reproducir los audios al doble de velocidad. Esa práctica permite conocer rápido el contenido general de un mensaje, pero hace que se pierdan el tono, las pausas y otros elementos que ayudan a comprenderlo en profundidad.

“El 2X de la vida hace que te enteres del grueso, pero no captes los matices. Al final, parte de la vida y de su grandeza es captar los matices de las cosas”, señaló. La consecuencia, según explicó, es que las personas pueden estar ocupadas todo el tiempo y sentirse cada vez menos conectadas con lo que hacen. “Hoy estamos saltando todos los matices y vamos directamente al grueso”, advirtió.

La psiquiatra vinculó esa aceleración con un sistema de recompensa variable, la expectativa de encontrar un estímulo nuevo y atractivo después de cada contenido. Esa dinámica empuja a seguir mirando, deslizando o escuchando, incluso cuando no hay un interés concreto. “Es la necesidad constante de consumir rápidamente, sin reflexionar sobre lo que consumimos”, explicó.

Para Rojas Estapé, la velocidad se volvió una costumbre que modifica la relación con la tecnología, la capacidad de sostener la atención y la posibilidad de atravesar momentos de quietud. El silencio y la pausa, dijo, suelen percibirse como una interrupción de la productividad o como una pérdida de tiempo.

La especialista también marcó una diferencia entre el desarrollo material y tecnológico de la sociedad y la atención dedicada al bienestar emocional. “Estamos en una cultura tan enfocada en lo exterior que se olvidó del mundo interior”, afirmó. Como ejemplos del progreso externo mencionó los edificios, los hospitales, la ciencia y la inteligencia artificial, ámbitos que evolucionan de manera constante.

Ese crecimiento, sin embargo, no brinda herramientas para afrontar experiencias como el miedo, la soledad, el vacío o la tristeza. “No se explica cómo gestionar el miedo a la soledad, el vacío o la tristeza”, señaló.

Atender el mundo interior exige tiempo y bajar el ritmo cotidiano, una decisión que puede resultar contraria a los hábitos incorporados y a las exigencias de un entorno que premia la rapidez. “No le estamos dedicando suficiente tiempo al mundo interior porque parece que hay que frenar, y ahora mismo no estamos diseñados para hacerlo. La rueda va tan rápido que frenar es contraintuitivo”, reflexionó.

Por qué importa

La advertencia interpela a una sociedad que premia la velocidad y descuida el bienestar emocional. La dificultad para frenar y procesar lo que se consume afecta la atención, los vínculos y la capacidad de gestionar el miedo o la tristeza.

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