“Me llevó puesto”: el argentino que sobrevivió al ataque en La Rambla
Pablo Abecasis, de Ramos Mejía, trabajaba en un quiosco cuando la furgoneta lo atropelló. A nueve años, cuenta cómo cambió su vida.

El 17 de agosto de 2017, Pablo Abecasis trabajaba en un quiosco de La Rambla de Barcelona cuando una furgoneta conducida por un terrorista irrumpió entre la multitud y lo atropelló. Nueve años después, el argentino de 45 años, oriundo de Ramos Mejía, todavía mide sus movimientos: evita las multitudes, entra al supermercado cuando hay poca gente y cualquier ruido inesperado puede dispararle una reacción física antes que mental. “No soy la misma persona que era antes”, asegura.
El ataque, perpetrado por Younes Abouyaaqoub, dejó 13 muertos en el paseo catalán. Pablo, que llevaba cinco años en ese puesto de venta de regalos y recuerdos, recuerda que esa tarde todo parecía más calmo de lo habitual. “Sentí un ruido, miré hacia la izquierda y vi una furgoneta que subía a la vereda. Fue todo muy rápido”, relata en diálogo con Prensa X.
El quiosco estaba cerca de la fuente de Canaletas, el punto donde los hinchas del Barcelona celebran los títulos. “Alrededor había ocho o diez exhibidores con llaveros, imanes y postales. Cuando vi que la furgoneta se acercaba, empecé a gritarle a la gente que se corriera”, dice. En ese momento había unas veinte personas alrededor del puesto. “Todos intentaron meterse adentro. Yo también quise entrar, pero la puerta estaba colapsada. Quedé afuera, justo del lado por donde venía la camioneta”, agrega.
Pablo intentó refugiarse por un costado, pero un hombre lo empujó hacia la trayectoria del vehículo. “Cuando giro, ya la tenía encima. Veo los exhibidores que empiezan a volar... Había una mujer al lado mío. La atropelló primero a ella y enseguida me llevó puesto a mí”, recuerda. El impacto lo lanzó contra el parabrisas. “Me pegó de costado, del lado izquierdo. Volé contra el cristal y caí de espalda. El golpe me reventó toda la zona lumbar”, explica.
La furgoneta continuó su marcha, atropellando a más personas. “Vi a una mujer corriendo con su bebé en un carrito y de pronto salió volando... La camioneta siguió varias calles, a toda velocidad”, cuenta. Pablo quedó en el suelo y fue arrastrado hasta la puerta del quiosco. Un policía lo ayudó a entrar a un hotel, pero no podía moverse. “Al rato, como pude, me reincorporé y salí caminando. Vinieron dos compañeros y me ayudaron a tomar un taxi para ir al hospital”, relata.
En el hospital, le diagnosticaron contusiones y lo internaron unas horas. “No tenía fracturas. Me dieron calmantes y me fui. No tenía a nadie conmigo, ni apoyo psicológico. Lo único que quería era llegar a mi casa”, dice. Con el tiempo, las secuelas se hicieron evidentes: dos hernias cervicales y tres lumbares, que durante años debió discutir con médicos y aseguradoras para que reconocieran que eran consecuencia del ataque.
Pablo intentó volver a trabajar al mismo quiosco, siguiendo el consejo de su psiquiatra y su psicóloga. “Cada vez que escuchaba un ruido me tiraba al suelo. Me agarraba un ataque de ansiedad o de pánico y salía corriendo”, confiesa. Hoy, a nueve años del atentado, su vida sigue marcada por el trauma. “No salgo casi a la calle. No trabajo”, admite. El atentado de La Rambla, reivindicado por el Estado Islámico, fue parte de una serie de ataques que dejaron 16 muertos en Cataluña. Abouyaaqoub fue abatido por los Mossos d’Esquadra cuatro días después.
Fuente: LA NACION
Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.
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