Política

Milei apuesta a la causa Malvinas para ganar tiempo ante la demora del ajuste

El Gobierno busca en el reclamo soberano una épica que sostenga el apoyo mientras la economía no despega y crece la ansiedad en la tropa oficialista.

Redacción3 min de lectura
La nueva cruzada de Milei a la espera del milagro

El presidente Javier Milei redobla su apuesta por la causa Malvinas como herramienta política para contener la impaciencia de sus seguidores, mientras los resultados económicos del ajuste tardan en llegar. En los últimos días, el mandatario pronunció tres discursos con estadísticas favorables, críticas a sus oponentes y elogios a su propia gestión, en un intento por sostener el relato de que su modelo ya es un éxito. Sin embargo, la demora en la recuperación genera un clima de ansiedad dentro del oficialismo.

El ministro de Economía, Luis Caputo, salió al cruce de los cuestionamientos de los industriales por la crisis del sector. “Me toca defender los intereses de todos los argentinos, no de determinados empresarios”, sostuvo, y pidió paciencia: “Sabemos que lleva tiempo. Magia no puedo hacer”. Sus declaraciones reflejan la preocupación del equipo económico por el tiempo que demandará el tránsito hacia el crecimiento.

Los datos oficiales no acompañan el optimismo oficial. La inflación no cedió al ritmo esperado y los salarios, si bien dejaron de caer, aún no recuperan poder adquisitivo. La recaudación de agosto mostró una caída del 6,1% en el IVA y del 1,2% en los recursos de la Seguridad Social, lo que obligó al Tesoro a recortar el gasto en casi un 10% para compensar la pérdida de ingresos.

Milei respondió a quienes le piden cambios con un discurso intransigente. “Las ideas de la libertad se sostienen cuando se las aplica y se las mantiene en el tiempo”, clamó, y prometió por quinta vez en diez días que no modificará sus políticas. El presidente se presenta como un defensor del modelo, pero su estrategia de resistir a toda costa incluye ahora una nueva cruzada: la incorporación de la causa Malvinas a su agenda política.

La decisión de malvinizar el discurso surgió tras el impacto negativo que tuvo para el Gobierno la ola patriótica desatada por el triunfo de la selección argentina sobre Inglaterra en el Mundial, cuando los jugadores exhibieron una bandera con el mapa de las islas. En la Casa Rosada notaron que la gestión había quedado en una posición incómoda, sobre todo por las declaraciones del vocero presidencial, Adrián Ravier, quien afirmó que “siendo un país bananero” la Argentina nunca iba a recuperar las islas. Milei ordenó entonces un giro soberanista sin matices.

En ese contexto, el Gobierno debió abandonar el proyecto que permitía a extranjeros comprar tierras productivas, una iniciativa que había sido defendida por el canciller Pablo Quirno. La operación política fue diseñada por Santiago Caputo, asesor presidencial, quien convirtió a Milei en un defensor de la soberanía nacional, ocupando un terreno que antes pertenecía a sus rivales políticos.

La estrategia, sin embargo, no oculta las contradicciones del presidente. Milei, que durante el gobierno de Mauricio Macri fue uno de los críticos más feroces del plan económico de Caputo, hoy lo elogia como un aliado indispensable. “Es una estupidez. Pensamos exactamente igual”, dijo sobre las acusaciones de que el ministro implementa medidas keynesianas. En su constante presente, el mandatario condena a conveniencia aquello que él mismo representaba.

Mientras tanto, la economía real no da señales de recuperación. El gobierno insiste en que el ajuste dará frutos, pero el puente entre la estabilización y el despegue parece alargarse. La apuesta por Malvinas es, por ahora, el último recurso para comprar tiempo y sostener la épica oficialista.

¿Te gustó esta nota?

Recibí lo más importante del día en tu correo. Sin spam, con opción de baja siempre.

Seguí leyendo sobre #javier milei

Ver todas →

Más en Política