Milei apuesta a un embargo económico sobre Malvinas y se aleja de la vía multilateral
El Gobierno profundiza sanciones contra inversores que operen en las islas, en línea con la estrategia kirchnerista y con el respaldo ambiguo de Trump

El Gobierno de Javier Milei profundiza una estrategia de presión económica sobre las Malvinas que se aleja de la tradición diplomática argentina de negociar con Londres en el marco de las Naciones Unidas. La iniciativa, impulsada por el asesor presidencial Santiago Caputo, apunta a acorralar con sanciones a los potenciales inversores que quieran hacer negocios habilitados por el gobierno de las islas.
La decisión se apoya en dos factores internacionales. Por un lado, la divergencia creciente entre Estados Unidos e Israel con el Reino Unido, Francia y Canadá por los conflictos en Medio Oriente. Por otro, el atractivo económico de Vaca Muerta, utilizado como herramienta de presión para inhibir a las petroleras que operen con los isleños.
El desencuentro entre Washington y Londres tuvo una manifestación elocuente en marzo pasado, cuando el gobierno laborista de Keir Starmer se negó a autorizar a Donald Trump a usar la base militar de Diego García para atacar Irán. El argumento británico fue que Irán no era el agresor sino el agredido. En ese contexto apareció un cable del Pentágono que insinuaba que Washington podría revisar su neutralidad en el diferendo por Malvinas.
La semana pasada Trump repitió los términos de aquel cable. Milei, impulsado por Caputo, le tomó la palabra y lanzó una iniciativa que ocupa hoy los principales esfuerzos de la administración. El Presidente relativiza así la estrategia fundada por Miguel Ángel Zavala Ortiz durante el gobierno de Arturo Illia, basada en la negociación multilateral.
La reacción en Israel siguió la línea de Trump: el ministro de Seguridad israelí, Itamar Ben-Gvir, pidió a Benjamin Netanyahu que sancione al Reino Unido por la anexión ilegal de Malvinas. La defensa británica en el Parlamento apela al principio de autodeterminación de los pueblos, una diferencia central con la diplomacia argentina, que considera a los kelpers una población implantada por una apropiación ilegal.
El Gobierno libertario ya había dado señales de este giro. Cuando la canciller Diana Mondino justificó un voto en contra del embargo norteamericano a Cuba para no perder votos contra el Reino Unido, Milei no dudó en despedirla. Demostró que no sacraliza la escena multilateral de la ONU y que prefiere obtener beneficios de una lealtad hacia los Estados Unidos de Trump.
La ley que el Poder Ejecutivo enviará al Congreso potencia la que en su momento impulsaron Pino Solanas y Cristina Kirchner. El espíritu de esa normativa procede de un proyecto frustrado de Eduardo Menem, quien siendo senador mantuvo una posición más combativa que la de su hermano Carlos y del canciller Guido Di Tella.
La administración libertaria se distancia de la línea radical y se recuesta sobre la del kirchnerismo. La Libertad Avanza tiene expresiones nacionalistas afines e incluso más marcadas que las del kirchnerismo, como lo demuestran los mensajes de Caputo en su cuenta de X.
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