Política

Milei llega a 2027 con tres ventajas frente a un kirchnerismo y un macrismo sin rumbo

Un análisis político marca la claridad de modelo, la centralidad presidencial y el tiempo a favor como los ejes que sostienen al oficialismo de cara a las elecciones

Redacción••5 min de lectura
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Milei llega a 2027 con tres ventajas frente a un kirchnerismo y un macrismo sin rumbo

El nivel de actividad, el salario real, el empleo formal y el consumo siguen entre las deudas pendientes del modelo libertario. Aun así, Javier Milei avanza hacia el año electoral con tres ventajas competitivas que le dan aire, según un análisis político difundido este lunes. La primera es la falta de una oposición con chances reales de ganar, tanto en el espacio dialoguista como en el más duro.

Pero ese no es el único factor que juega a favor del Presidente. Hay tres puntos que, por ahora, funcionan como las piezas centrales del rompecabezas de una oposición desflecada. El primero es el dogmatismo de la narrativa económica, del que se deriva una propuesta clara para el votante.

En una entrevista radial, Milei aprovechó el anuncio del Premio Nobel de Economía para reforzar la legitimidad de su modelo. Insistió con que lleva adelante una estabilización macroeconómica que integra componentes microeconómicos. Fue una respuesta política a la oposición, pero también a Patricia Bullrich, la funcionaria de tono más crítico dentro del propio Gobierno.

Después del encuentro de dos horas y media con Bullrich el jueves pasado, desde el entorno presidencial se preocuparon por filtrar una línea: “El modelo no se rompe”. El segundo punto es la voluntad política férrea de su modelo personalista. La centralidad de Milei en La Libertad Avanza funciona como escudo protector de los lineamientos de su gestión, algo que el kirchnerismo no puede mostrar, fragmentado por la disputa por la conducción.

“Tenemos una relación simbiótica con Toto Caputo; es literalmente simbiótica”, dijo Milei para sintetizar la calidad de su vínculo con Luis Caputo y disipar las versiones sobre su apartamiento del Ministerio de Economía. Una especie de “Toto es Milei” que ratifica el rumbo y deja claro el peso de la autoridad presidencial a la hora de ordenar el poder libertario.

Hay una tercera ventaja competitiva del mileísmo en el poder: un tiempo que le juega a favor. Comparado con la cantidad de años y de oportunidades de gobierno que tuvo el kirchnerismo, el aporte de Milei a la crisis estructural todavía está en discusión. ¿Tres años de gestión, o casi cuatro cuando llegue la hora de votar, le alcanzarán al votante para querer sacarse de encima ese modelo?

Milei ofrece algo que se ha vuelto una rareza: claridad y certezas en su visión del mundo justo cuando la época trae incertidumbre. Su principal ventaja competitiva frente al kirchnerismo y también al macrismo residual reside en la impertinencia con la que cree tener todas las respuestas sobre los problemas endémicos de la Argentina. Y eso a pesar de resultados magros en frentes clave de un plan económico que todavía no termina de arrancar.

Comparado con Axel Kicillof o Sergio Massa, y otras terminales del peronismo obligadas a disimular sus cartas después de tantos años de fracaso económico, Milei todavía tiene margen para la certeza frente a la sociedad. Hay un mensaje que se preocupan por filtrar desde Casa Rosada y que Milei suele ratificar en público: “No voy a entregar las ideas por el resultado electoral”.

Los economistas Robert Hall y Michael Woodford ganaron el Nobel de Economía por su trabajo sobre “los fundamentos microeconómicos de la estabilización macroeconómica”. Milei se apuró en inscribirse en esa saga. “Son modelos neokeynesianos que tienen microfundamentos. Por eso son neokeynesianos: los keynesianos modelo Ford T no incorporaban microfundamentos, no incorporaban restricciones de presupuesto”, interpretó ante la noticia del Nobel.

Trazó un puente entre Milton Friedman y los neokeynesianos y se reservó un lugar para sí mismo: “Yo fui profesor de microeconomía durante veinticinco años. Si hay alguien que sabe de microeconomía, soy yo”, aclaró. Montado sobre el Nobel, Milei avanzó con la batalla cultural económica para desactivar a la oposición que cuestiona la falta de impacto del plan de estabilización en la industria, la construcción y el consumo.

Con su análisis, el Presidente descarta la necesidad de una corrección de sesgo microeconómico: la microeconomía, asegura, ya está integrada en su modelo. “A usted mucho la micro no le gusta”, le planteó el periodista Eduardo Feinmann. Milei avanzó con una negativa rotunda: “No es cierto. En lugar de hacer una macroeconomía berreta como hacen los economistas argentinos, yo hago equilibrio general intertemporal”.

Comparado con el macrismo residual y lo que fue Juntos por el Cambio, Milei sigue representando una vocación política económica férrea de sostener el núcleo duro de sus ideas a pesar de las demandas para relativizarlas. Un contraste con una presidencia de Pro que puso freno al cambio de paradigma y siguió alimentando la intermediación de los planes sociales, con gradualismo en la baja del déficit.

En el presente, las propuestas económicas del macrismo no logran diferenciarse del mileísmo que las digirió hasta volver superflua esa opción política. Y sus banderas republicanas terminan replegándose ante la realpolitik de la defensa de la macro. En el kirchnerismo actual reina la incoherencia: en 2024 pasó por un atisbo de autocrítica por su apego al déficit y la inflación, pero hay regreso a viejas consignas en estos meses de desafíos para el Gobierno.

“Albertítere”. Así se refirió Milei a Alberto Fernández en la entrevista del lunes. Una síntesis del defecto que acorrala al kirchnerismo: la falta de “conducción”, en lenguaje peronista, que ordene esa interna y consolide su propuesta económica. Ese problema de conducción no pesa sobre la gestión de Milei. Por el momento, el modelo perokirchnerista se organiza en base al “no” al modelo Milei. Pero esa definición por la negativa no alcanza como horizonte claro ni hay confianza en que el eventual candidato presidencial de 2027 asegure una gestión que no se tupamarice.

Por qué importa

El texto ordena el tablero electoral a dos años de los comicios: la oposición sigue sin candidato ni propuesta que compita con el modelo libertario, y eso le da a Milei un margen que no depende solo de los resultados económicos.

Qué sigue

La pregunta abierta es si el eventual candidato de 2027, al que ya se menciona como “Toto es Milei”, corre la misma suerte que “Adorni es Milei” y queda absorbido por la centralidad presidencial. El desenlace dependerá de cómo evolucionen actividad, salario real y empleo formal.

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