Mundial: la euforia que une a millones y la grieta que se cierra por un mes
Sociólogos y antropólogos explican el fenómeno de identidad colectiva que genera el torneo, donde la camiseta celeste y blanca se impone sobre cualquier división.


Durante un mes, millones de argentinos sienten exactamente lo mismo al mismo tiempo, sin que nadie lo ordene. El Mundial de fútbol genera una experiencia de identidad compartida tan profunda como fugaz, donde la camiseta celeste y blanca se ubica por encima de cualquier otra. Cada cuatro años, el torneo produce una sincronía emocional que pocos fenómenos contemporáneos logran igualar.
La final de Qatar 2022 entre Argentina y Francia alcanzó un alcance global cercano a los 1420 millones de espectadores, según la FIFA. Durante el minuto en que Lionel Messi levantó la copa, más personas compartieron una misma emoción que las que hablan español, inglés y portugués juntos.
El sociólogo Pablo Alabarces sostiene que la clave reside en un pacto tácito: la ficción de que esos veintiséis jugadores representan a la nación. “Depositás expectativa, fantasía, deseo, alegría, aunque eso jamás le garantiza la felicidad a nadie”, explica. Alabarces evita la palabra “pasión” por considerarla “insoportablemente utilizada por el marketing”, pero reconoce una inversión emocional genuina detrás del ritual.
El antropólogo Alejandro Grimson, investigador del Conicet, propone leer el fenómeno desde una paradoja: “Hace 48 años la Argentina inició el mayor retroceso relativo de su historia en indicadores económicos y sociales, y sin embargo empezaron los mejores cincuenta años del fútbol argentino, con tres copas del mundo y los dos mejores jugadores del planeta”. Para Grimson, mientras la política fragmenta, la camiseta celeste y blanca se impone durante algunas semanas.
El escritor e historiador Eduardo Sacheri describe el Mundial como “una experiencia de identidad compartida, de un nosotros que la vida cotidiana no nos permite”. Añade que el fútbol funciona como un revelador social: “Mostramos lo bueno y lo malo de nosotros mismos”.
La psicología social documenta ese doble filo. Henri Tajfel y John Turner formularon en 1979 la teoría de la identidad social: basta dividir a un grupo según un criterio arbitrario para que aparezcan preferencias hacia el propio grupo y desconfianza hacia el ajeno. El Mundial explota esa arquitectura mental a escala descomunal.
Alabarces describe la comunidad que construye el torneo como “el grupo perfecto, sin división, donde milagrosamente todos somos iguales, aunque sabemos que al día siguiente dejamos de serlo”. Es una fantasía “potente y honesta”, aclara. Quien desconoce el código del offside permanece fuera de la ficción, sin dramatismo. Pero Alabarces distingue esa indiferencia de “una hostilidad más reciente, motivada políticamente, contra futbolistas como Messi”.
Grimson matiza la idea de una unidad sin fisuras: “Grietas siempre hubo: Maradona/Messi, Menotti/Bilardo. Pero también existe la pasión por la unión, aunque sea temporaria”.
Fuente: Lanacion.
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