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"Nido de lagarto": amor, deseo y sexo a los 75 años sobre el escenario

La obra de Franco Verdoia, protagonizada por Horacio Acosta y Silvina Sabater, llena funciones en el circuito alternativo con una historia de amantes de cuatro décadas.

Redacción4 min de lectura
Amor, sexo y deseo, según pasan los años

Gloria y el Vasco son amantes desde hace cuatro décadas. Se encuentran puntualmente en un hotel alojamiento de pueblo, comparten la cama, se cuentan sus días y hablan de sus parejas. Entre charlas, risas y facturas que comen al pie de la cama, construyen una historia que habla del deseo, del amor mutuo y de una relación pasional que sigue intacta con el paso de los años.

Esa historia es la de "Nido de lagarto", la obra escrita y dirigida por Franco Verdoia y protagonizada por Horacio Acosta y Silvina Sabater. Desde su estreno en abril, la pieza llena todas las funciones en el circuito alternativo, impulsada por el boca en boca y por una trama hiperrealista que interpela a los espectadores.

En algún momento, en la profundidad que dan las charlas después del sexo, uno de los amantes pregunta: ¿qué habría pasado si hubiéramos elegido de otra manera? Esa pregunta funciona como eje de la obra y como disparador de una reflexión que excede la coyuntura de los personajes.

"La pregunta que desliza la obra tiene un efecto universal, más allá de la circunstancia y del encuentro de esos dos amantes perpetuados por los años. Termina resonando en los espectadores por todo lo que provoca. ¿Existe la posibilidad de cambiar el rumbo de las cosas habiendo decidido distinto? ¿Qué hace uno con ese presente, producto de aquello que decidió mal?", se preguntó Verdoia.

La obra nació a raíz de una charla informal entre el director y la actriz. En ese intercambio, Verdoia le preguntó a Sabater si se animaría a hacer un desnudo. La respuesta fue contundente: "Si es con vos, sí". El cuerpo de Silvina llevó a pensar en la historia de los dos amantes, de ese pueblo y de un secreto conocido por todos.

"No me propuse escribir una obra sobre la vejez y el deseo en la adultez. Fue surgiendo naturalmente", contó el autor.

Los cuerpos de Gloria y el Vasco, conversando en calzones en un hotel de mala muerte, aparecen desde el deseo y la potencia, en contraste con buena parte de las historias que suelen verse en la cartelera porteña.

"En teatro, siempre se muestra a los cuerpos de adultos mayores alrededor del deterioro, de la imposibilidad y del final de los tiempos. El cuerpo de una persona mayor suele ponerse al servicio de la poética del final, de algo que cumplió un ciclo. La obra viene a plantear la pregunta de si se puede iniciar algo con el deseo presente. Aparece como algo poderoso, que se vuelve innnegable", explicó el director.

Sabater, por su parte, recordó que la obra le dio "bastante miedo" cuando la leyó. La actriz interpreta a un personaje "con una conducta física muy diferente a la mía, mucho más señora y con más cuidado en sus movimientos". Para ella, historias como la de estos viejos amantes no son frecuentes en el teatro local.

"Es una temática poco vista en el teatro; quizá apareció más en algunas películas. Justamente por eso me resulta muy desafiante. Cuando Franco me planteó hacer un desnudo, le dije que con él me animaba. Aunque tengo muchos años de profesión, siempre es algo difícil porque aparecen los prejuicios sobre el cuerpo. Asumí ese desafío a mis 75", sostuvo.

La intimidad de esos encuentros también está atravesada por el humor. Gloria y el Vasco hablan de sus parejas, de sus vidas cotidianas y de aquello que ocurre mientras ellos están encerrados en ese cuarto de hotel. La situación, que podría ser dramática, está cargada de ternura y de momentos de comicidad.

Hay algo cotidiano en esos dos cuerpos que se encuentran, comen, conversan y recuerdan, como si durante esas horas pudieran suspender el paso del tiempo y recuperar una parte de sus vidas que quedó detenida en aquel primer encuentro.

Pese a los años, al tiempo compartido y a los achaques, Gloria y el Vasco vuelven a encontrarse puntualmente en el hotel alojamiento, que es mucho más que un escenario. Es un refugio, un territorio propio donde los personajes pueden dejar afuera las obligaciones, las convenciones y las miradas de los demás.

Están porque se quieren y se necesitan, pero principalmente porque tienen un deseo ardoroso de encontrarse. "Trabajé mucho en el vínculo con el Vasco y en esa necesidad de encuentro. En una escena, él me dice: 'Viniste con la colonia puesta'. Me parece de una gran intimidad. Puse el énfasis en la relación entre ellos sin importar el entorno. Ellos sienten la necesidad de verse, de estar juntos, de compartir y de tener sexo. Aunque muchas veces, en mi construcción, ellos se encuentran en ese nido que tenían sin tener sexo. Eso no quiere decir que no hubiera deseo", remarcó Sabater.

Fuente: Clarín

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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