Agricultura

Nutrición del maíz: cómo ajustar el manejo para cerrar brechas de rendimiento

La tecnología de procesos y el diagnóstico preciso son claves para alcanzar altos rendimientos de forma rentable en la campaña 2026/27.

Redacción3 min de lectura
Nutrición del maíz: cómo ajustar el manejo para cerrar brechas de rendimiento
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La campaña 2026/27 se presenta con perspectivas favorables para el maíz, pero alcanzar altos rendimientos de manera rentable depende cada vez más de transformar información en decisiones agronómicas. La tecnología de procesos se consolida como herramienta fundamental para reducir brechas productivas y mejorar la eficiencia en el uso de los recursos.

El punto de partida sigue siendo el diagnóstico. Conocer el estado nutricional de cada lote permite ajustar estrategias de fertilización y maximizar el retorno de la inversión. El análisis de suelo sigue siendo una de las herramientas más confiables, aunque hoy se complementa con muestreos georreferenciados, análisis de planta, sensores de vegetación, imágenes satelitales y modelos de simulación.

La evidencia en distintas regiones maiceras muestra que las respuestas a la fertilización continúan siendo elevadas. Nutrientes como nitrógeno (N), fósforo (P), azufre (S) y zinc (Zn) limitan la productividad en numerosos ambientes. En la Red de Nutrición CREA Sur de Santa Fe, la nutrición balanceada con nitrógeno, fósforo y azufre permitió incrementos de rendimiento de entre 65% y 79%.

El nitrógeno es el principal nutriente limitante. Investigaciones argentinas desarrollaron recomendaciones basadas en la disponibilidad total de nitrógeno del sistema (aporte del suelo y fertilizantes). Los umbrales varían desde aproximadamente 125 kg N/ha para alcanzar 7 t/ha, hasta 250 kg N/ha para rendimientos cercanos a 14 t/ha. La determinación del nitrógeno incubado en anaerobiosis (Nan) en los primeros 20 cm del suelo mejora la estimación del potencial de mineralización.

La dinámica de este nutriente genera oportunidades para el monitoreo durante el ciclo. Sensores de vegetación e imágenes satelitales permiten detectar deficiencias y ajustar estrategias en campañas con mejores expectativas de rendimiento o ante pérdidas por excesos hídricos. Diversos estudios demostraron respuestas positivas a aplicaciones tardías de nitrógeno hasta estadios reproductivos.

El fósforo es el segundo nutriente de mayor relevancia. El diagnóstico se basa en el análisis de suelo previo a la siembra mediante fósforo Bray. Calibraciones recientes para la región pampeana indican rangos críticos de entre 9 y 12 mg/kg, según la textura. Por debajo, la probabilidad de respuesta a la fertilización es alta.

Históricamente, la fertilización fosfatada en el país se realizó bajo un criterio de suficiencia, orientado a cubrir necesidades inmediatas. Como consecuencia, numerosos sistemas presentan balances negativos y una disminución progresiva de los niveles de fósforo disponible. En este escenario, cobran relevancia las estrategias de construcción y mantenimiento de la fertilidad, que contemplan la reposición de nutrientes exportados y la recuperación gradual de niveles óptimos.

El azufre también ha ganado importancia. Las respuestas son más frecuentes en suelos degradados, ambientes arenosos con bajo contenido de materia orgánica o lotes sin aporte de sulfatos desde napas. Concentraciones de sulfato inferiores a 7-10 mg/kg (0-20 cm) suelen asociarse con alta probabilidad de respuesta. Las dosis recomendadas varían entre 5 y 15 kg S/ha y suelen potenciar la eficiencia del nitrógeno.

Las deficiencias de zinc se han expandido en gran parte de la región pampeana. Los ensayos muestran incrementos de rendimiento del 5% al 10%, especialmente cuando los niveles de Zn-DTPA son inferiores a 1 mg/kg (0-20 cm). Las respuestas se observan tanto con aplicaciones al suelo como mediante tratamientos de semillas o aplicaciones foliares.

La campaña, que comienza con suelos cargados de humedad en gran parte de la región productiva, ofrece una nueva oportunidad para potenciar la productividad del maíz. En la calidad de las decisiones que se tomen radica el verdadero valor de la tecnología de procesos: transformar información en rendimiento, rentabilidad y sustentabilidad.

Fuente: Lanacion.

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