Moda

Oscar “Pelito” Gálvez: el hijo de la leyenda del TC que triunfó como modelo en París y Milán

Desfiló para Saint Laurent, Dior y Kenzo, vivió la época dorada de la moda europea y hoy pinta en Capilla del Monte, donde acaba de publicar un libro.

Redacción3 min de lectura
Hijo de una leyenda del automovilismo, fue el primer modelo argentino que triunfó en París y Milán

Oscar “Pelito” Gálvez ya pasó los 70 años y vive en Capilla del Monte, Córdoba, rodeado de sus pinturas. Pocos de sus vecinos saben que fue el primer modelo argentino en triunfar en las pasarelas de Milán y París, donde desfiló para Saint Laurent, Dior, Issey Miyake, Moschino y Trussardi. Es hijo de Oscar Gálvez, cinco veces campeón de Turismo Carretera y una de las grandes leyendas del automovilismo argentino.

Acaba de publicar el libro Los 21 códigos, una síntesis de lo que acumuló en décadas de viajes, retiros espirituales y trabajo creativo. También es fotógrafo, profesor de yoga y renacedor, y prepara una muestra con los collages que arma a partir de su propio archivo de imágenes.

Su historia empieza en el barrio de Flores, donde se crió con el taller mecánico detrás de la casa. “Siempre había seis autos y recuerdo que cuando los probaban el ruido era terrible”, contó sobre esa infancia atravesada por los motores y las carreras de su padre. A los 9 años lo mandaron de pupilo a un colegio marista de Zona Norte, una experiencia que define como marcante.

“Calculo que a mi padre le hubiera gustado que le prestara atención a su mundo. Pero eso debe llevarse en el alma. Correr no es una profesión, sino un impulso”, sostuvo sobre Oscar Gálvez, a quien todos llamaban Tito. Recordó que su madre cocinaba para los diez mecánicos que almorzaban cada día en la casa y que su padre volvía los domingos de las carreras para desarmar y volver a armar el auto en invierno, sin calefacción.

El modelaje apareció antes de irse del país. Estaba en el boliche Cocodrile cuando un desconocido le ofreció hacer un comercial de televisión. Viajó a Europa sabiendo que podía trabajar de eso: primero Munich, después Milán. “El primer año me morí de hambre y de frío, pero no me volví. Apliqué la disciplina que heredé de mi padre, esperé, y de pronto empezaron a salir un montón de trabajos”, relató.

A los 18 años había hecho un viaje que le cambió la vida: cruzó a dedo desde Milán hasta Nueva Delhi junto a una amiga italiana, atravesando Turquía, Irán, Afganistán y Pakistán. Estuvo nueve meses en ashrams hinduistas, budistas y cristianos. En ese trayecto perdió el pasaporte y vivió un momento de tensión en Ankara, cuando un grupo de locales rodeó el micro en el que viajaban.

Ya instalado en París, su piel oscura y sus ojos verdes lo diferenciaron de los modelos alemanes y estadounidenses que dominaban el mercado en 1971. En Saint Tropez conoció a Kenzo Takada, que entonces tenía apenas una pequeña boutique en una galería parisina. “De ahí en adelante todo se dio mágicamente. Kenzo se transformó en el genio que todos conocemos, lo conocí a Saint Laurent. Viví la época de oro de París con todos ellos”, afirmó.

Entre sus vínculos más cercanos mencionó a Karl Lagerfeld y a Isabella Rossellini, a quien definió como el ser más encantador que uno pueda imaginarse. También conoció a la Madre Teresa de Calcuta, a quien venera. “No todos entendían cómo pasaba de Saint Laurent a la Madre Teresa. Mi vida es así. Yo todo el dinero que gané como modelo me lo gasté viajando”, remarcó.

Después pasó del otro lado de la cámara: trabajó como fotógrafo en Londres para la revista Nineteen y luego fue contratado por Vogue. De esa etapa surgieron los collages, que combinan impresión, pegado y su archivo personal. Nunca formó una familia y asegura que fue la mejor decisión: hoy sostiene que está en un viaje de introspección profundo, en una casa que construyó en plena naturaleza cordobesa, con un espacio para meditar.

Por qué importa

La historia recupera una figura poco conocida del espectáculo argentino: el hijo de una gloria del automovilismo que se hizo un nombre propio en la moda internacional de los 70 y hoy vive alejado de los reflectores. Muestra cómo una generación de argentinos se insertó en la cultura global desde un origen inesperado.

Qué sigue

Pelito Gálvez planea una muestra con sus collages y sigue promocionando Los 21 códigos, el libro donde sintetiza sus años de viajes, retiros espirituales y trabajo artístico.

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