Pablo Larraín estrena Mis muertos tristes: "Trabajar con mujeres me parece más cómodo y más misterioso"
El director chileno adaptó los cuentos de Mariana Enriquez para Netflix y filmó en Villa Lugano una historia de terror doméstico con Mercedes Morán y Dolores Fonzi.

El director chileno Pablo Larraín estrenó en Netflix la miniserie Mis muertos tristes, una adaptación de cuatro cuentos de la escritora argentina Mariana Enriquez que filmó entre Buenos Aires y Santiago. La producción, de cuatro episodios, cuenta con Mercedes Morán en el rol protagónico de Ema, una médica recién jubilada que puede ver y oír a los muertos.
El proyecto nació de una idea de Ángela Poblete, responsable del área de televisión de la productora chilena Fabula, que trabajó junto a la argentina K&S Films. La serie reúne los cuentos Mis muertos tristes, Julie, Un lugar soleado para gente sombría y Cuando hablábamos con los muertos en una sola historia, adaptada por la propia Enriquez junto al dramaturgo chileno Guillermo Calderón, Anastasia Ayazi y el director.
Larraín prefiere hablar de "lo fantástico" antes que de terror. "Aquello que es fantástico es algo que eventualmente podría pasar, y creo que en esta historia muchas de las cosas que ocurren son cosas que podrían pasar", explicó el realizador. Y agregó: "Si hubiese que usar las palabras 'horror' o 'terror', la usaría como 'terror doméstico': algo que ocurre en tu cocina, en tu baño, con tu familia, en tu casa, en tu barrio".
El elenco lo completan Dolores Fonzi, Alejandra Flechner, Carlos Portaluppi, Germán De Silva, Luz Jiménez y el debut de Carolina Sánchez Álvarez como Julie, la sobrina de Ema que mantiene una conexión intensa y sexual con esas presencias. La trama se desarrolla en el barrio Piedrabuena, en Villa Lugano, un escenario que Larraín eligió por su carga social.
"Sentí que había mucha fuerza en eso y también mucha tristeza. Me pareció que son lugares que han sido sistemáticamente olvidados, que están fuera de esa coraza más higiénica y más cosmética que tiene Buenos Aires", sostuvo el director sobre el barrio del sur porteño. La casa de Ema no está en el monoblock, pero queda lo suficientemente cerca como para que la violencia y la pobreza funcionen como una amenaza latente.
Larraín leyó el proyecto arquitectónico de Piedrabuena como una huella de otra época: "Fueron realizados en una época donde existía una conciencia social distinta, cierta belleza y un espíritu social de poder abrir la ciudad y darle sentido a una ciudad más extensa". Para el director, se trata de "un proyecto arquitectónico y socialmente maravilloso, pero está mal traído, de alguna manera abandonado".
El realizador también marcó un cuidado a la hora de retratar la crisis social: "Los índices de pobreza que tienen ustedes son muy altos, y por lo tanto creo que hay que tener cuidado a la hora de retratar eso, de no tener una mirada para explotar estética y humanamente esa crisis social". Para Larraín, la serie es "la historia de una familia, de una mujer, de una casa metida en un barrio".
Consultado sobre su predilección por los personajes femeninos, el director fue directo: "Trabajar con mujeres me parece más cómodo, más afable y más misterioso". Y sumó: "No puedo concebir los relatos de ningún tipo sin roles fuertes. Las historias son una cosa y los personajes son otra, y el audiovisual, para mí, pasa mucho por los personajes".
La propia Enriquez definió el resultado como una "tercera idea", una síntesis que no es ni un cuento suyo ni otra cosa. Larraín coincidió y valoró su participación en el guion: "A mí me pareció importante que estuviese Mariana, porque siempre es un sueño tener al autor lo más cerca posible". El proceso, resumió, fue "bastante especial, bastante llano".
Por qué importa
La serie pone en pantalla global la obra de Mariana Enriquez y retrata el conurbano y el sur porteño desde una mirada social. Además, consolida a Larraín como uno de los directores latinoamericanos con mayor proyección internacional.
Qué sigue
La miniserie de cuatro episodios ya está disponible en Netflix. Resta ver cómo responde la crítica internacional y si el formato abre la puerta a nuevas adaptaciones de la obra de Enriquez.
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