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El papa León XIV pidió a Putin una tregua en Oleshky: 1.700 civiles sin alimentos y atrapados

El pontífice reclamó un alto el fuego para enviar ayuda y evacuar a los civiles de la ciudad ucraniana ocupada, aislada desde 2022 y con una sola salida minada.

Redacción••3 min de lectura
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El papa León XIV pidió a Putin una tregua en Oleshky: 1.700 civiles sin alimentos y atrapados

El papa León XIV habló por teléfono con Vladímir Putin y le pidió un alto el fuego en Oleshky, una ciudad ucraniana ocupada por las fuerzas rusas donde unos 1.700 civiles quedaron sin alimentos ni agua potable. La comunicación, confirmada por el Vaticano, es la primera entre ambos líderes en un año y ocurre mientras el pontífice se recupera de una intervención por cáncer de pulmón.

Según el comunicado vaticano, el pontífice expresó su "profunda preocupación por la grave situación humanitaria" y reclamó una tregua que permita el envío de alimentos y asistencia médica, además de la "evacuación voluntaria y segura de la población civil".

Pietro Parolin, secretario de Estado y número dos del Vaticano, contó que fue el propio papa quien tomó la iniciativa de abogar por la ciudad sitiada. "Espero que el presidente Putin acceda a hacer lo que el Papa le ha pedido", sostuvo, y agregó que el hecho de que el mandatario ruso haya aceptado el llamado "puede ser una señal" de que la petición se cumplirá.

Oleshky se convirtió en un símbolo de la guerra entre Rusia y Ucrania. Está ubicada en la región de Jersón, a orillas del río Dinipro, y fue ocupada por las fuerzas rusas a comienzos de 2022. Desde entonces su población se redujo un 92%: pasó de 24.000 a 1.700 habitantes, en su mayoría personas de edad avanzada o con discapacidad, según un informe de Naciones Unidas.

Los envíos de comida terminaron el 26 de mayo. El gobierno ucraniano logró hacer llegar cuatro toneladas de alimentos con drones en septiembre, tras varios intentos fallidos, pero los habitantes aseguran que no alcanza. Algunas familias sobreviven con una taza de arroz o trigo sarraceno al día; otras, con lo que cosechan en sus huertas, conservas, insectos y caracoles.

La situación se agravó cuando las fuerzas rusas destruyeron la represa Kakhovka al inicio de la ocupación. Cientos de personas murieron ahogadas, otras perdieron sus casas y muchos terrenos quedaron bajo el agua, lo que hizo imposible sembrar. La ciudad también quedó sin agua potable ni electricidad.

El hospital local se está quedando sin combustible para los generadores y sin medicamentos. De centro de salud, el lugar pasó a funcionar como depósito de cadáveres, igual que las calles. Los rusos prohibieron enterrar a los muertos con el argumento de que se necesitaban equipos forenses para investigar crímenes de guerra ucranianos, por lo que los vecinos apenas pueden cubrir a sus seres queridos con una sábana.

Escapar tampoco es sencillo. La única vía de salida es la llamada ruta de la muerte: 22 kilómetros sembrados de minas y vigilados por drones. Muchos de los que intentaron huir terminaron heridos o muertos. "Decenas de civiles están abandonando la ciudad ocupada por su cuenta, sin una evacuación organizada: en bicicletas, en ciclomotores y a pie. Saben que puede haber minas en el camino. Pero quedarse significa vivir sin comida, agua limpia y medicinas", describió Dmytro Lubinets, comisionado parlamentario ucraniano para derechos humanos.

Mientras tanto, las autoridades rusas atribuyen la crisis humanitaria a las operaciones militares ucranianas y sostienen que la zona se encuentra bajo fuego constante. El escenario se enmarca en una guerra que sigue escalando: Rusia prepara un ataque invernal para dejar a Ucrania sin luz ni agua, mientras Ucrania atacó Moscú con cientos de drones en los últimos días.

Por qué importa

La gestión del papa pone el foco en una crisis humanitaria que lleva meses fuera de los grandes titulares. Si Putin acepta la tregua, podría abrirse un corredor para evacuar a los civiles atrapados en Oleshky.

Qué sigue

Queda por ver si Rusia acepta el alto el fuego y permite el ingreso de ayuda humanitaria. El Vaticano sigue de cerca la respuesta de Putin y la evolución de la salud del papa.

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