Para qué sirve el pequeño agujero del cortaúñas
Este orificio tiene funciones prácticas que van más allá de lo estético: desde permitir transportarlo en un llavero hasta doblar cables con precisión.


El cortaúñas, herramienta esencial presente en casi todos los hogares argentinos, esconde un detalle de diseño cuya utilidad pasa desapercibida para la mayoría de sus usuarios: un pequeño orificio en su estructura. Lejos de ser un simple rasgo estético, cumple funciones prácticas que facilitan su transporte, almacenamiento y uso cotidiano.
La función principal de este agujero es permitir que el cortaúñas quede enganchado a un llavero o a una cadena. Esta capacidad de sujeción convierte a la herramienta en un accesorio fácilmente transportable, ideal para viajes o actividades diarias. El orificio también evita extravíos, una preocupación frecuente con objetos pequeños. El usuario puede colgar el dispositivo en un gancho estratégico dentro del baño, en un botiquín o junto a las llaves, lo cual garantiza un acceso rápido y ordenado.
Existe otra utilidad práctica, aunque menos conocida: el uso del orificio para doblar cables o alambres. Al introducir el material en el hueco y ejercer presión con el cuerpo del cortaúñas, se logra un doblez preciso y uniforme. Este recurso resulta valioso para quienes carecen de herramientas específicas en el hogar, ya que ofrece una solución ingeniosa ante la necesidad de moldear pequeños filamentos metálicos.
El cortaúñas integra además otras funciones mediante apéndices adicionales. Posee una pequeña lima plegable para retoques rápidos y una espátula de usos múltiples. Esta última sirve para limpiar suciedad acumulada bajo las uñas, remover cutículas, ajustar tornillos diminutos, abrir sobres o pelar cables. Esta versatilidad convirtió al alicate en un objeto multifacético desde su invención en 1875, cuando buscó reemplazar métodos menos precisos para el cuidado personal.
Según un estudio de la revista Physical Biology, el cuidado de las uñas requiere técnica específica. Los expertos sugieren: "optar por dejar bordes rectos o parabólicos cuando las recortan; de lo contrario, se puede amplificar el desequilibrio de las tensiones y derivar en enfermedades graves". Los investigadores insisten en usar alicates para prevenir deformaciones, ya que el desequilibrio entre la tensión de crecimiento y la tensión adhesiva provoca tensiones residuales perjudiciales para la anatomía de los dedos.
Aunque el cuidado de las uñas se remonta a miles de años —donde se usaban cuchillos y primitivas limas en el antiguo Egipto—, el cortaúñas tal como lo conocemos hoy es una genialidad del diseño industrial del siglo XIX. La primera patente formal fue registrada en Estados Unidos en 1875 por Valentine Fogerty, un invento que consistía en una especie de lima circular mecánica.
Sin embargo, el gran salto hacia el diseño moderno de palanca y doble pinza llegó en 1881, gracias a John H. Hollman, y fue perfeccionado años más tarde por marcas icónicas como Gem. Esta sencilla herramienta revolucionó la higiene personal al transformar una tarea que antes era lenta, incómoda y potencialmente peligrosa en un hábito doméstico rápido, seguro y accesible para todo el mundo.
Fuente: La Nación.
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