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Pepita, la pistolera: Lucía Puenzo convierte el true crime en un oscuro melodrama

La directora retrata a Margarita Di Tullio, la reina de la noche marplatense, con Luisana Lopilato en un papel de claroscuros.

Redacción2 min de lectura
Pepita, la pistolera: el true crime se vuelve melodrama en la historia de una mujer llena de claroscuros

El true crime llegó al cine argentino para quedarse y, contra lo que podían suponer los agoreros de siempre, es una muy buena noticia. Pepita, la pistolera, de Lucía Puenzo, trasciende el mero relato policial para revelarse como un poderoso y oscuro melodrama.

La película, protagonizada por Luisana Lopilato, se estrenará en 2026 y cuenta la historia real de Margarita Di Tullio, conocida como “la reina de la noche marplatense”: prostituta, administradora de burdeles y con vínculos con el hampa de la zona.

El guion, firmado por Puenzo junto a Andrés Gelos y Tatiana Mereñuk, no se limita al archivo. Opta por delinear a un personaje muy interesante, sumergiéndose en su complejidad moral. No es ni víctima ni heroína, sino una sobreviviente con una esencia en claroscuro, que complejiza sus decisiones y a la vez las vuelve creíbles y abiertas a debate.

Puenzo logra equilibrio al retratar el mundo de Di Tullio mediante situaciones que empujan a la protagonista cada vez más al límite. La construcción narrativa es tan sólida que se permite ser tan comprensiva como desagradable, sin que estos cambios de registro afecten el devenir del relato. Lo que una lectura fría invitaría a pensar en contradicción, en pantalla se transforma en sucesivas causas y consecuencias, hasta la situación límite final.

Si la película consigue su objetivo de contundencia es, en gran medida, gracias a su protagonista. Se sabía que hacer esta biografía era un proyecto largamente deseado por Lopilato, pero el deseo no alcanzaba para confiar en que estuviera a la altura del rol. Su Marga hace gala de una suma de matices que dialogan con las distintas aristas del personaje. El equipo eligió “entender” a la mujer real, intentar comprender por qué fue lo que fue e hizo lo que hizo, y al mismo tiempo dejar en blanco aquellos espacios de su vida que no tuvieron explicación. La de la ficción es cerebral, pero también impulsiva; por momentos frágil, por momentos cínica. Dispuesta a plantarse en un submundo masculino cueste lo que cueste.

El guion confía tanto en la arquitectura de sus personajes, principalmente en los femeninos, que por momentos deja a un costado algunos elementos que se diluyen con el avance de la historia. Ni el asesino de prostitutas ni los ajustes de cuenta alcanzan una contundencia a la altura de lo que prometían al comienzo. No se siente tanto a la hora de la evaluación final del espectador, pero la pérdida de fuerza se nota.

Pepita, la pistolera acumula méritos para no pasar inadvertida. Más allá de su mayor o menor adhesión a los expedientes y su retrato de una Mar del Plata años 80 dominada por la corrupción política y policial, Lucía Puenzo decide sumergirse en las sombras de una historia real, hasta encontrar a esa mujer que supo hacerse fuerte a partir de sus propias contradicciones.

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