Péptidos en el cuidado facial: qué son y cómo incorporarlos a la rutina
Estas cadenas cortas de aminoácidos ganan protagonismo como alternativa para reforzar la firmeza y prevenir el envejecimiento.

Durante años, el cuidado de la piel estuvo dominado por activos como los retinoides, los ácidos exfoliantes, la vitamina C o el ácido hialurónico. Sin embargo, en los últimos tiempos creció el interés por ingredientes que no solo buscan corregir, sino también acompañar procesos propios de la piel de una manera diferente y, en muchos casos, mejor tolerada.
Entre ellos se destacan los péptidos, cadenas cortas de aminoácidos, los mismos componentes que forman proteínas esenciales de la piel como el colágeno, la elastina y la queratina. Su particularidad reside en que pueden actuar como pequeños mensajeros: según el tipo de péptido, pueden indicarle a la piel que active determinados procesos, como la reparación, el soporte de la matriz extracelular o la síntesis de colágeno.
A diferencia de otros activos, los péptidos no tienen un único mecanismo de acción. El retinol, por ejemplo, estimula la renovación celular y modula la producción de colágeno; la vitamina C tiene acción antioxidante, ayuda a sintetizar nuevo colágeno y aporta un efecto despigmentante e iluminador; y el ácido hialurónico funciona principalmente como hidratante, gracias a su capacidad para retener agua.
Los péptidos trabajan de otra manera: muchos funcionan como moléculas señalizadoras que le indican a la piel que active determinadas funciones. Por eso, no necesariamente compiten con otros activos, sino que pueden complementarlos. Tampoco existe una edad determinada para empezar a incorporarlos; la recomendación pasa por observar las necesidades de la piel. Pueden ser interesantes cuando se busca mejorar la firmeza, acompañar la prevención de líneas finas, reforzar la función de barrera o sumar un activo antiedad bien tolerado.
En general, desde los 25 o 30 años pueden ser útiles dentro de una rutina preventiva, aunque también pueden utilizarse antes si existe una necesidad concreta. Además, no todos los péptidos son iguales: existen diferentes tipos y sus resultados dependen de factores como la fórmula completa, la concentración, la estabilidad, el vehículo, la combinación con otros activos y, especialmente, la constancia en el uso.
Más que hablar de los péptidos como un reemplazo de los activos clásicos, se trata de entender qué pueden aportar de diferente. Su propuesta está vinculada a un beneficio progresivo y, en general, bien tolerado, que puede acompañar la firmeza, la reparación y el envejecimiento saludable de la piel.
Cómo usarlos
El dermatólogo Simon Scarano, de L'Oréal Paris, comparte cinco consejos sobre el uso de los péptidos y cómo obtener los mejores resultados. Entre ellos, destaca la importancia de aplicarlos de forma constante, combinarlos con protectores solares y elegir productos que aseguren la estabilidad del ingrediente.
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