Qué es un ecotono: la zona de transición donde la Patagonia concentra su mayor biodiversidad
Entre la estepa y el bosque andino existe una franja viva donde conviven especies de ambos ambientes, generando una riqueza ecológica única.


Entre la estepa patagónica y el bosque andino existe una franja donde el paisaje no se define por certezas, sino por tensiones. Ese territorio intermedio —el ecotono— es una zona de transición donde dos comunidades ecológicas distintas se rozan, se superponen e influyen mutuamente. No es una línea precisa, sino un espacio vivo en permanente ajuste.
En el valle del Alto Río Percy, esta condición se vuelve evidente. La estepa comienza a ceder. El viento pierde aspereza, el suelo gana materia orgánica y la humedad se vuelve más constante. Persisten especies propias de ambientes abiertos y secos, como el neneo o el palo piche, pero comienzan a aparecer plantas que anuncian condiciones más benignas, propias del ecotono y del bosque incipiente.
En primavera, el suelo se puebla de floraciones breves: la anémona asoma entre los pastizales; el capachito aporta manchas amarillas en sectores más húmedos; los cerastios y las facelias colonizan claros y bordes. Son especies que encuentran en el ecotono el equilibrio justo entre exposición y abrigo, aprovechando la luz y la disponibilidad de agua.
El término ecotono proviene del griego "oikos", casa, y "tonos", tensión. Es, literalmente, una "casa en tensión". Esa tensión se traduce en diversidad. Aquí conviven plantas de ambos sistemas, junto a otras que no pertenecen por completo ni a la estepa ni al bosque. Es el llamado efecto de borde, donde la superposición de nichos genera una riqueza mayor que en los ambientes contiguos.
A este entramado se suman especies trepadoras y herbáceas, como las arvejillas silvestres y la colomia roja, que aprovechan la mayor disponibilidad de agua y materia orgánica. En sectores más reparados comienza a insinuarse la presencia del bosque: el radal aparece como un umbral vegetal, mientras que el notro, con sus flores rojas intensas, introduce un gesto de bosque aun en territorios abiertos. El porte viene dado por ñires, coihués y lengas, especies nativas del bosque andino.
En este escenario de transición, las especies exóticas introducidas por el hombre también encontraron un lugar propicio. La retama y los lupinos se integraron al sistema, modificando el suelo mediante la fijación de nitrógeno y alterando las dinámicas preexistentes. Junto a la flora nativa, han contribuido a modelar un paisaje híbrido, donde lo silvestre y lo introducido se entrelazan sin fronteras claras. Algunas, como la rosa mosqueta, han traído problemas de manejo.
No es casual que el ser humano haya elegido históricamente estos ecotonos para asentarse. Son zonas de intercambio, de mayor energía y diversidad, donde el paisaje ofrece abrigo, agua y suelo fértil. Allí se instalan chacras, jardines y pueblos que replican, muchas veces sin saberlo, la lógica misma del ecotono: convivir con la tensión, aprovechar la transición.
Los ecotonos enseñan que la riqueza no siempre está en los extremos, sino en los bordes. En esos espacios donde nada es puro, donde todo dialoga y donde el paisaje se vuelve más fértil precisamente porque acepta no ser una sola cosa.
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