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Río Manso Camp: el glamping de lujo que combina naturaleza salvaje y confort en la Patagonia

A dos horas de Bariloche, el campamento boutique funciona de noviembre a marzo con carpas bell tent, domo geodésico y modalidad all-inclusive.

Redacción••5 min de lectura
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Río Manso Camp: el glamping de lujo que combina naturaleza salvaje y confort en la Patagonia

En un campo privado a orillas del Río Manso Inferior, a dos horas de Bariloche y a unos 15 kilómetros de la frontera con Chile, funciona desde hace cinco temporadas Río Manso Camp, un campamento de lujo que abre de noviembre a marzo y combina naturaleza salvaje con servicios de alta gama. El emprendimiento es parte de un grupo que integran también Patagonia Glamping Co y Frasson Adventures, operador de viajes de aventura privados en la Patagonia.

El programa clásico es la Experiencia Glamping: dos noches y tres días con actividades que incluyen trekking, rafting, cabalgata, pesca con mosca o bicicleta. Al terminar la temporada, todo se desarma y se guarda en containers hasta el año siguiente.

El valle del río Manso se extiende entre dos grandes polos turísticos, Bariloche y El Bolsón. El sector conocido como Río Manso Inferior llega hasta el límite con Chile desde que el río sale del lago Steffen. Desde Río Villegas, en el kilómetro 1970 de la RN 40, se recorren unos 40 kilómetros hasta la frontera por la RP 83, un camino de montaña y ripio que bordea el agua. Junto al camino hay proveedurías, casas de comida, campings y algunas cabañas.

El campamento se destaca por su exclusividad y su modalidad all-inclusive. "No solamente recibimos al público individual que busca estas experiencias, sino que también estamos preparados para recibir grupos y organizar eventos: podemos organizar una boda o hacer también la recepción de grupos de empresas que vienen a hacer un incentivo", destaca Ezequiel Garófalo, manager del camp.

Al llegar, lo primero que aparece es una enorme carpa beduina que funciona como lounge: punto de encuentro y sector donde se sirven todas las comidas. Tiene un deck que mira al río, livings, bar, juegos de mesa y mantas, además de grandes estufas hongo que se prenden cuando refresca. En el exterior hay un fogonero.

Senderos cortos llevan a las 14 carpas y al domo, montados también al borde del agua, entre coihues, sauces y arbustos de rosa mosqueta, con el Cerro Bastión como marco. Un poco más alejadas hay cuatro carpas-ducha de uso individual con buena luz, espejo, asiento, gancho para la toalla y secador de pelo, además de baños para hombres y mujeres con biodigestores.

Las carpas tipo tienda de campaña "bell tent" tienen cinco metros de diámetro y dentro de ellas se puede estar de pie con comodidad. Tienen alfombra de yute y capacidad para tres sommiers, en cama doble o individual. El domo geodésico está instalado sobre un deck, mide siete metros de diámetro, tiene piso de madera flotante y baño privado con ducha.

Sus dueños, Luciano Frasson y Andrea Ginaca, llegaron a Bariloche desde Buenos Aires hace 20 años. Empezaron como guías de kayak, sumaron gastronomía más cuidada a las excursiones y terminaron dándole forma a la compañía. La idea del campamento surgió de un pedido puntual: una pareja de la India quería pasar su aniversario de casados en un lugar remoto, sin nadie más, y hacer rafting en un río patagónico. El grupo eligió un sector muy privado del Manso Inferior y armó un domo con deck y baño. Llegaron en helicóptero, tuvieron una cena gourmet y vivieron la aventura en los rápidos. De ahí quedó la idea de armar más campamentos pop-up o itinerantes.

La tarde del primer día, después del almuerzo, se puede hacer una caminata sencilla por los bosques del valle. Al Manso lo cruzan dos pasarelas, Andrade y John, que toman el nombre de familias pioneras. Desde la primera se ingresa al sendero Entrepasarelas, muy conocido dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi. Tiene unos 20 kilómetros y es ideal para caminar o andar en bici. La pasarela John marca el final del sendero, que corre paralelo al río con vistas al agua verdosa.

Más tarde, una camioneta acerca a los huéspedes al paso internacional peatonal El León, por donde cruzan excursionistas hacia Chile. A escasos cien metros del puesto de Gendarmería está el terreno de un poblador que tiene la casa en Chile y el patio del lado argentino, con las dos banderas.

La noche en el campamento tiene su ritual: después de cenar, cada huésped retira su bolsa de agua caliente en el lounge y la lleva a su carpa o domo para calentar la cama. Eso, más un edredón abrigado, sábanas de línea hotelera, una ducha caliente con amenities biodegradables y toallas gruesas, completan el combo. Dentro del domo o las carpas, la naturaleza parece magnificarse: si llueve o hay viento, se está bajo la tormenta pero a resguardo.

Al día siguiente el desayuno es casero: jamones y quesos, panificados y chipá, palta y frutas frescas, mermeladas, frutos secos, granola y cereales, café, té y jugos. Para quienes buscan más adrenalina, el turismo de aventura en la Patagonia tiene en el rafting del Manso uno de sus clásicos.

La actividad se realiza para mayores de 14 años, en los últimos kilómetros antes de llegar a la frontera con Chile. Son unos 12 kilómetros de navegación que arrancan en la zona del camping La Pasarela y terminan a solo dos kilómetros del límite internacional, al cabo de una hora y media de navegación. Antes hay que equiparse y atender las indicaciones de seguridad: traje y botas de neoprene, chaqueta impermeable, chaleco salvavidas, casco y un remo para cada pasajero. "¿Les gusta mi oficina?", pregunta Matías, el guía, cuando la balsa con ocho tripulantes se interna en el cañadón de piedra salteando rápidos.

El valle del Manso conserva un perfil agreste y poco explorado, lejos de los circuitos turísticos más concurridos. Para muchos viajeros, la propuesta se parece a otras experiencias de temporada extendida en la Patagonia, aunque con el río como protagonista y una escala reducida que apuesta por la exclusividad.

Por qué importa

El campamento muestra cómo el turismo de alta gama se consolida en la Patagonia con propuestas de baja escala y temporada corta. Para la región, implica una fuente de actividad entre noviembre y marzo y un modelo que combina conservación del entorno con servicios premium.

Qué sigue

La temporada cierra en marzo y las estructuras se guardan en containers hasta el año siguiente. El grupo evalúa armar más campamentos pop-up o itinerantes, según la experiencia que originó el proyecto.

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