Historias Personales

Roberto Canessa: Transformando la Sobrevivencia en Esperanza y Salvamento

Entrevista con el sobreviviente del accidente aéreo en los Andes, reflexionando sobre resiliencia y propósito de vida

Redacción3 min de lectura
Roberto Canessa: Transformando la Sobrevivencia en Esperanza y Salvamento
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—De los 45, sobrevivieron 16. Vos fuiste uno. ¿En ese momento límite, cuando escucharon por la radio que no los buscaban más, por qué decidiste salir a caminar junto a Nando Parrado?

—Yo miraba a todos y me preguntaba quién estaba en condiciones de hacerlo. Enseguida, un compañero, Augusto Nogueira me dijo una frase que me marcó para siempre: “Yo tengo las piernas rotas, qué suerte tenes vos de poder salir a caminar. Yo dependo de vos para sobrevivir”. Ahí entendí que no era una decisión personal: mis piernas pertenecían al grupo. Tenía que hacerlo por todos.

A veces en la vida te toca hacer el trabajo más difícil por el bien de muchos y no el que más te conviene. Por lo tanto, miré al cielo y le dije a Dios: “Yo pongo mi compromiso pero vos dame una mano”.

—¿Qué pasó por tu cabeza para decidirte a caminar hacia lo “imposible”, sin garantías de nada?

—Me ayudaba no pensar en todo el recorrido, unos 70 kilómetros. Eso se me hacía imposible. Yo me decía: “Son 100.000 pasos”. Y cada paso que daba era uno menos para acercarme a la salvación. Me repetía interiormente: “Un día darás el último paso”. Eso me guiaba. Cuando dividís algo enorme en partes pequeñas, deja de ser inabarcable. Se vuelve transitable.

—¿Cómo se construye una actitud mental positiva en un contexto extremo de soledad, frío, hambre y miedo?

—Lo primero que entendí fue que, amar al prójimo como a uno mismo no significa amarlo más. Primero hay que cuidarse a uno mismo, mantenerse lo más sanamente posible y luego ayudar a los demás. Si uno no se cuida pasa lo que le ocurrió a Numa Turcatti que pesaba 47 kilos, había fumado siempre dos cajas de cigarrillos por día. Entonces, cuando se puso a trepar la montaña, volvió con un esguince que después se le infectó y murió. Cada uno debe ser consciente de sus limitaciones. En mi mente también intentaba focalizarme en el presente, en cada minuto, cada día. En resolver lo inmediato.

—Cuando supiste que los habían dado por muertos, ¿de dónde brotó la esperanza?

—De una convicción interna. Nosotros pensábamos que tal vez al día siguiente llegaba el rescate. Aunque nos hubieran abandonado, esa idea nos mantenía vivos. Yo siempre me repetía: “Mientras hay vida, hay esperanza”. No era una frase hecha. Era una forma de resistir.

—¿Por qué no te dejaste morir y elegiste vivir?

—No me quería entregar. Tenía curiosidad por saber cómo iba a ser mi muerte. Parece algo funesto pero fue así. Y mientras esa pregunta existiera, yo seguía eligiendo vivir. No quería rendirme antes de tiempo.

—Después vino otro horror: el alud que mató a 8 más. ¿Qué pasó ese día?

—El alud fue un infierno. Pero a la mañana siguiente vimos que era de día porque entraba luz y Carlitos empezó a bromear: “Hoy es un día importante, es el cumple de mi hermana, vamos a hacer un asado”. Yo le contestaba: “Callate Carlitos se murieron más compañeros, y estamos acá enterrados vivos”. Pero él insistía: “Canessa que mala onda tenés, no te voy a invitar al asado”. Mantener el sentido del humor en los momentos más terribles ayuda y mucho. Reírte de tu propia desgracia te fortalece. No victimizarte también.

—En medio de todo eso, ¿qué te sostenía emocionalmente?

—A mí me ayudaba pensar, no tanto en cómo salir, sino para qué. Mi por qué y para qué era muy claro: volver a ver a mi mamá. Yo la imaginaba angustiadísima y quería decirle: “Mamá no llores más acá estoy”. Eso hace que te postergues y vayas en pos de un fin que va más allá de uno. Sabía que eso era lo que ella más quería. Y yo sentía que, de alguna manera, ella presentía que yo estaba vivo.

—Hoy, más de 50 años después, ¿quién sos a partir de esta experiencia, este trauma?

—Quizá una persona que entendió que, cuando vas a hacer algo que parece imposible, tenés que dar los primeros pasos. Es como aquel que le ruega a Dios con insistencia: “Me quiero sacar la lotería ayudame”. Y un día lo harta tanto al de arriba que este le responde: “¿Compraste el número?“. Y, no. Siento además, que soy alguien que eligió transformar lo vivido en algo útil.

—¿Qué te dejó la montaña como aprendizaje?

—Que la vida se sostiene en lo esencial. Que uno puede atravesar cosas imposibles si se divide el camino en pasos pequeños y se enfoca en el presente.

Fuente: Ver original en Lanacion.

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