Ronald Edwin Hunkeler, el niño que inspiró 'El Exorcista': la historia detrás del mito
En 1949, un adolescente de 13 años comenzó a sufrir episodios que su familia y sacerdotes atribuyeron a una posesión demoníaca, un caso que inspiró la famosa novela y película.

Antes de que Regan MacNeil bajara las escaleras de espalda, girara la cabeza o hablara con voz demoníaca, hubo un adolescente estadounidense cuya historia se convirtió en la materia prima de El Exorcista. Durante décadas fue conocido como Robbie Mannheim o Ronald Doe, nombres usados para proteger su identidad. Años después se reveló que se llamaba Ronald Edwin Hunkeler.
Tenía 13 años cuando, a comienzos de 1949, su casa en Maryland comenzó a ser escenario de sucesos inexplicables. Ronald no tenía antecedentes de problemas físicos y las crónicas lo describen como un chico tranquilo, delgado y aficionado a los juegos de mesa. Su familia atribuyó lo ocurrido a una tabla Ouija que le había regalado su tía Harriet, una espiritista con quien tenía una relación cercana.
El 15 de enero, mientras Ronald estaba en casa con su abuela, comenzaron a escuchar un goteo sin origen aparente. Luego, un cuadro de Cristo empezó a sacudirse y aparecieron ruidos similares a arañazos detrás de las paredes y bajo las camas. El padre de Ronald creyó que había ratas y levantó tablas del piso y paneles de las paredes, pero no encontró nada.
Once días después murió Harriet, y Ronald, afectado, comenzó a usar la Ouija con más frecuencia, aparentemente intentando comunicarse con ella. Los arañazos cesaron por un tiempo, pero fueron reemplazados por sonidos de pasos alrededor de su cama durante la noche. Una noche, su madre preguntó en voz alta si era Harriet y pidió tres golpes como respuesta. Según el relato familiar, una fuerza empujó la cama y se escucharon tres golpes contra el suelo.
Los fenómenos dejaron de limitarse a su habitación. En la escuela, su escritorio se sacudía y golpeaba los cercanos; en casa, familiares vieron objetos disparados, muebles volcados y hasta un sillón elevarse mientras Ronald estaba sentado. Durante una visita a amigos a 64 kilómetros, una mecedora en la que estaba sentado comenzó a girar mientras sus pies permanecían separados del suelo.
Sus padres sospecharon que él mismo provocaba los episodios. Antes de recurrir a la iglesia, lo llevaron a un médico, un psicólogo y un psiquiatra. Las evaluaciones no encontraron explicación clínica y determinaron que Ronald parecía saludable, aunque tenso. La familia también acudió a un médium y finalmente buscó ayuda religiosa.
El reverendo luterano Luther Miles Schulze visitó la casa y aseguró haber presenciado fenómenos, aunque inicialmente sospechó que Ronald los provocaba deliberadamente. Consideró la parapsicología, un campo que estudia supuestos fenómenos mentales y físicos que escapan a las leyes científicas conocidas.
El 17 de febrero, Ronald pasó la noche en casa de Schulze. El reverendo dijo haber visto la cama sacudirse mientras el chico permanecía inmóvil. Luego lo trasladó a un sillón, que supuestamente se desplazó y volcó lentamente, y finalmente lo acostó en mantas en el piso. Según su relato, Ronald y las mantas se deslizaron hasta quedar debajo de la cama. Poco después, aparecieron arañazos en el cuerpo del adolescente. Fue entonces cuando Schulze recomendó acudir a la iglesia católica.
El primer sacerdote católico que intervino fue Edward Albert Hughes, quien tras examinar a Ronald concluyó que podría tratarse de una posesión. La situación llevó a que el adolescente fuera internado en un hospital psiquiátrico católico donde podían realizarse exorcismos. Durante uno de ellos, Ronald liberó una mano de las correas y, con una pieza de la cama, hirió a Hughes desde la muñeca hasta el codo. La lesión requirió más de cien puntos de sutura.
El caso comenzó a circular en la comunidad y la familia decidió trasladarse temporalmente a San Luis. Poco antes del viaje, apareció en la piel de Ronald la palabra "Luis" marcada como arañazo, luego "sábado" y "tres semanas y media". La familia interpretó los mensajes como instrucciones y viajó el 5 de marzo.
En San Luis conocieron a los sacerdotes Raymond Bishop y William Bowdern. Bishop comenzó a registrar los episodios en un diario, que luego se convertiría en una de las principales fuentes documentales del caso. Bowdern fue elegido para realizar formalmente el exorcismo; el arzobispo le exigió mantener el caso en secreto y documentar minuciosamente lo ocurrido.
El 16 de marzo comenzó una nueva etapa. Bowdern, Bishop y Walter Halloran entraron a la casa con ejemplares del Ritual Romano y agua bendita. Según los registros, mientras pronunciaban oraciones, Ronald gritaba, escupía, se retorcía y presentaba arañazos y moretones. El caso inspiró a William Peter Blatty, quien años después escribió El Exorcista.
Fuente: Clarín
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