Turismo

San Juan Poriahú: la estancia jesuítica de casi 400 años que recibe huéspedes en los esteros del Iberá

En Loreto, Corrientes, una casa de 1635 que fue oratorio jesuita hoy aloja turistas entre yacarés, carpinchos y monos carayá, a 12 kilómetros del pueblo.

Redacción••3 min de lectura
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San Juan Poriahú: la estancia jesuítica de casi 400 años que recibe huéspedes en los esteros del Iberá

En Loreto, al norte de Corrientes, una casa de barro levantada por los jesuitas en 1635 sigue en pie y hoy recibe huéspedes en medio de los esteros del Iberá. Se trata de San Juan Poriahú, una estancia de casi 400 años que funciona como campo ganadero y alojamiento turístico a 12 kilómetros del centro del pueblo. La familia García Rams la administra desde hace generaciones y abrió sus puertas formalmente en 1986.

“Esta casa tiene casi 400 años. Era una capilla de barro levantada por los jesuitas en 1635. Era parte de una estancia de cría de vacas, mulas y caballos para proveer a las misiones”, asegura Marcos García Rams desde la cabecera de la mesa del comedor. El anfitrión cuenta que la zona se llamaba Rincón de San José porque era una península hacia el este y que allí se arrinconaba la hacienda cuando todavía no existían los alambrados.

García Rams repasa el peso del legado jesuítico en la región: “En sus misiones, los jesuitas llegaron a tener 176.000 guaraníes. El equivalente a la población de París o Londres. Buenos Aires tenía apenas 10.000”. El dato busca dimensionar el alcance de una red que dejó huellas en todo el litoral.

La historia de la propiedad incluye el paso de Manuel Belgrano. Los españoles se hicieron cargo de estas tierras tras la expulsión de los jesuitas y quemaron todo, excepto el oratorio que hoy es casa, antes de que las tropas del general pasaran por acá a fines de 1810, durante la expedición al Paraguay. Veinte años más tarde, el gobernador de Corrientes Pedro Ferré sacó una ley de venta de tierras públicas y Ángel Fernández Blanco compró 4.500 hectáreas.

“Juan Francisco Meabe, mi tatarabuelo materno, y luego su hijo Ernesto, le administraban los campos a Fernández Blanco, que cuando estaba viejito les legó esta tierra, bastante retirada y sin mucho valor. Ernesto compró, heredó más tierras y las desarrolló. Los títulos son de 1875”, relata sobre la estancia, que hoy tiene casi 13.000 hectáreas y pertenece a los hermanos García Rams Meabe.

Técnico en producción agropecuaria, Marcos siempre quiso vivir en el campo y colecciona libros de viajeros. Desde la década de 1980 está instalado en la estancia. “Yo organizaba safaris para la juventud con la Fundación Vida Silvestre y mamá me dijo: ‘empezá a cobrar’. Arreglamos caminos, compramos botes y pusimos a punto la casa. Lo hacemos formalmente desde 1986. Y nos ayuda a sostener este casco, que es muy antiguo”, comenta. Para los lectores interesados en escapadas rurales, el diario ya recorrió propuestas similares como la playa del millón de pinos o el pueblo con 10 restaurantes cerca de Buenos Aires.

La salida en lancha al estero, que tiene 30 kilómetros de costa, es una de las actividades centrales. Un jabirú sobrevuela, decenas de yacarés se dejan fotografiar y cantan los chajás. El momento sublime llega cuando la embarcación enfila la vuelta hacia el embarcadero, se abre camino entre los repollitos de agua y el sol naranja se pone en el horizonte.

El casco ofrece 10 habitaciones, algunas intercomunicadas, y siete baños. Las actividades incluyen salidas en lancha, camioneta y cabalgatas, además de comida casera. La tarifa arranca en $180.000 por persona por día con todas las bebidas y las excursiones incluidas. Los menores de 12 años tienen 40% de descuento y los menores de 4 no pagan. La estancia está en la RN 118 Km 178, Loreto, y se atiende por el teléfono (3781) 60-9658 o por Instagram en @estanciasanjuanporiahu.

Por qué importa

El turismo rural en el Iberá combina conservación y trabajo local en una de las regiones con mayor biodiversidad de Argentina. La estancia sostiene un casco histórico de casi cuatro siglos que de otro modo sería inviable mantener.

Qué sigue

La temporada de verano es clave para la estancia, que depende de las reservas para sostener el casco antiguo. La evolución del turismo en los Esteros del Iberá y las condiciones de acceso por la RN 118 marcarán el ritmo de las próximas temporadas.

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