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Scaloni y su método: la fórmula que mantiene a Messi en la cima del Mundial 2026

A los 39 años, Messi lidera la tabla de goleadores con ocho tantos y juega su tercera final mundialista, desafiando los pronósticos de un retiro deportivo.

Redacción3 min de lectura
Scaloni y su método: la fórmula que mantiene a Messi en la cima del Mundial 2026
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Cuando Lionel Messi levantó la Copa del Mundo en Doha, hace cuatro años, el folclore alrededor de esa consagración incluía una despedida silenciosa. Se especulaba con un Mundial más, quizás a media máquina, con la Selección llevándolo en andas para que el público pudiera verlo una última vez en la cima. La certeza que circulaba era que en 2026 el rol de Messi sería otro: el diez ya había logrado su objetivo, ahora tocaba acompañar, sumar minutos y estar presente.

Lo que ocurre en Estados Unidos desarma esa hipótesis. Messi llega a la final de este domingo contra España con ocho goles convertidos, coronándose como el mayor goleador en la historia de los mundiales, y una cifra de asistencias que también es récord.

El recorrido, partido por partido, no deja lugar para la lectura del jugador administrado. Empezó con un hat-trick ante Argelia. Siguió con un doblete contra Austria. Después llegó un gol de tiro libre frente a Jordania, otro ante Cabo Verde en la fase eliminatoria, y uno más contra Egipto, al que sumó una asistencia. Contra Suiza, en cuartos, no convirtió pero dejó otra asistencia. Y en la semifinal ante Inglaterra, con el equipo abajo en el marcador, dio las dos asistencias que permitieron dar vuelta el resultado y sellar el pasaje a la final.

Messi no vino a decir adiós. Vino, otra vez, a intentar conseguir un título más con la camiseta argentina.

Para Fabián Jalife, psicólogo social y director de la consultora BMC, esa paradoja no se explica por una cuestión física, sino por el entorno que Lionel Scaloni tardó ocho años en construir. Jalife es el creador de El método Scaloni, la serie documental de tres episodios disponible en Flow, y pasó meses conversando con el entrenador y los jugadores para entender la lógica detrás de un ciclo que ya lleva dos Copas América, un Mundial, y ahora va por el segundo.

Algo de esa lectura errada, la de la despedida protocolar, subestimaba dos cosas: al jugador y, sobre todo, al entorno construido a su alrededor. El vínculo entre Scaloni y Messi nunca se apoyó en la gratitud ni en la compasión hacia una gloria en retirada, sino en una combinación de exigencia y confianza. El propio entrenador lo dejó entrever en la previa de los cuartos de final: “Va a ser el mejor hasta que él tenga ganas, pero llegará el momento en que eso se va a terminar”.

También hubo una tarea silenciosa de los compañeros más jóvenes que durante años se ocuparon de correrlo del lugar de único responsable. Jalife lo describe así en la serie: “había que bajar a Messi del pedestal sin bajar su importancia. Había que convertirlo nuevamente en compañero”.

Ese desplazamiento, de ídolo obligado a salvar a todos a compañero de nuevo, es probablemente la clave menos futbolística y más determinante de lo que se ve hoy en la cancha. Un jugador que ya no carga solo con el peso de un país entero rinde distinto que uno que siente que el grupo lo sostiene.

Los propios futbolistas, según reconstruye Jalife, “terminaron apropiándose del sueño de Messi, asumieron el rol de cuidar al ídolo y ayudarlo: lo vivieron como una inspiración”.

La escena que mejor lo resume sigue siendo la de Qatar: después del penal de Montiel, varios jugadores corren primero hacia donde se definió el partido y recién después se dan vuelta para ir a buscarlo a él. Ese mismo movimiento se repite, ocho años después, con otro protagonismo dentro del campo. Messi ya no es el que tiene que resolver todo solo en los últimos minutos: reparte —lleva doce asistencias en el torneo— y sigue apareciendo en el momento justo, con ocho goles convertidos, uno más de los que convirtió en toda la Copa del Mundo de Qatar.

La lectura más simple diría que es una cuestión de talento que no se apaga. La más completa incluye algo menos visible: un entrenador que se dedicó a construir alrededor de la figura de la selección un equipo que no depende exclusivamente de sus piernas, pero que tampoco la deja nunca sola. Ahí aparece, otra vez, la lógica de fondo que atraviesa todo el ciclo de Scaloni: la confianza como método de trabajo.

Fuente: Lanacion.

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