Tren a las Nubes: la epopeya ferroviaria que desafió los Andes y se volvió ícono nacional
Con 1.279 curvas, 21 túneles y viaductos colosales, la obra que une Salta con Chile a 4.475 metros de altura, hoy reducida a un tramo turístico.

El Tren a las Nubes es una de las obras de ingeniería ferroviaria más asombrosas de Argentina. Con 1.279 curvas, 21 túneles y viaductos que se elevan sobre abismos, su recorrido alcanza los 4.475 metros sobre el nivel del mar. Esta proeza, que desafió la cordillera de los Andes, se convirtió en un ícono del noroeste argentino.
La construcción demandó décadas de esfuerzo y soluciones técnicas inéditas. Originalmente concebido para unir Argentina con Chile, el ferrocarril fue bautizado como Huaytiquina, aunque hoy es mundialmente conocido por su nombre turístico. Sin embargo, el servicio actual solo cubre un tramo reducido entre San Antonio de los Cobres y el viaducto La Polvorilla.
La idea de cruzar la cordillera surgió a principios del siglo XX. En 1921, el administrador de los Ferrocarriles del Estado, Domingo Fernández Beschtedt, encargó al ingeniero estadounidense Ricardo Maury el diseño de una línea que atravesara la geografía salteña sin usar cremallera. El desafío era enorme: ascender más de 3.000 metros en un terreno árido y castigado por el clima.
Maury y su equipo debieron sortear pendientes extremas, nevadas y falta de oxígeno. Cada metro de vía implicaba decisiones técnicas y económicas: perforar montañas, levantar terraplenes o construir puentes. Así nacieron los famosos rulos y zigzags, maniobras que permiten ganar altura en espacios reducidos, y túneles excavados a mano en condiciones durísimas.
El trabajador Ronald Hume relató las dificultades de la obra: desmoronamientos, filtraciones de agua y el denso humo que inundaba las cabinas de las locomotoras a vapor. Además, los rieles debían trasladarse con cuidado por senderos estrechos, donde no había espacio para maniobrar. Aun así, la línea se completó y se convirtió en un hito de la ingeniería continental.
El recorrido original unía la ciudad de Salta con la frontera chilena, atravesando paisajes de ensueño. Pero en 1970, una película documental popularizó el nombre Tren a las Nubes y dos años después comenzó el primer servicio turístico oficial. Desde entonces, el tren se convirtió en un atractivo imperdible para viajeros de todo el mundo.
Actualmente, el servicio turístico opera únicamente entre San Antonio de los Cobres y el viaducto La Polvorilla, a 63 metros de altura. A pesar de la reducción del recorrido, los pasajeros siguen disfrutando de la majestuosidad de la Puna, con sus cerros imponentes y la inmensidad del cielo. El tren asciende lentamente, mientras la vegetación desaparece y el paisaje se vuelve cada vez más árido.
Uno de los puntos más espectaculares es el viaducto La Polvorilla, una estructura metálica que parece flotar sobre el vacío. También destacan los rulos, donde el tren pasa sobre sus propias vías, y los túneles curvos que se integran a la montaña. Cada curva y cada puente cuentan la historia de una obra que desafió lo imposible.
El Tren a las Nubes no es solo un medio de transporte, sino un símbolo de la capacidad humana para vencer obstáculos. Su legado perdura en la memoria de quienes lo recorren y en la admiración de quienes contemplan su grandeza. Aunque el sueño original de unir dos países quedó trunco, su espíritu sigue vivo en cada viaje.
Fuente: LA NACION
Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.
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