Religión

Un diálogo sobre la Biblia: ¿se puede creer en sus enseñanzas sin creer en Dios?

El sacerdote Guillermo Marcó y el escritor Gonzalo Garcés debaten sobre la vigencia de los valores judeocristianos en el siglo XXI.

Redacción3 min de lectura
¿Se puede creer en la Biblia sin creer en Dios?

Mientras la Argentina se prepara para la primera visita de un Papa desde 1987, las discusiones sobre el rol de la religión en el siglo XXI siguen vigentes. En los últimos años, esas discusiones saltaron incluso a la política: líderes globales hablan de regresar a los valores judeocristianos de Occidente. ¿Cuáles son esos valores y de qué manera pasaron de la religión a las sociedades modernas?

El escritor Gonzalo Garcés dialogó con Guillermo Marcó, sacerdote, director del Servicio de Pastoral Universitaria de la Arquidiócesis de Buenos Aires, copresidente del Instituto del Diálogo Interreligioso y ex vocero de Jorge Bergoglio. La conversación giró en torno a una pregunta central: ¿se pueden aprovechar los recursos para la vida que ofrece la Biblia, aun sin tener fe?

Garcés planteó que la Biblia contiene verdades fundamentales, crea uno en Dios o no. Citó a Pascal, quien sostenía que aunque uno no tenga fe, debería vivir como si creyera, porque así vivirá mejor. En los Evangelios, Jesús practica el amor incondicional y el perdón incondicional, padece casi todos los sufrimientos humanos y aun así no renuncia a su compasión. "Aunque yo no crea en la Resurrección, adoptar esa posición frente a la vida puede salvarme acá y ahora", afirmó Garcés.

Marcó respondió que se puede leer los Evangelios como un libro de sabiduría o de autoayuda, pero que eso sería quedarse en la puerta. "Adentrarse en la Biblia es misterioso, esos relatos han inspirado a tanta gente que no solo creyó, sino que apostó su existencia a eso", sostuvo. Mencionó el caso de San Pablo, perseguidor de cristianos que se convirtió tras la aparición de Jesús en el camino de Damasco, y el libro Un loco de Dios en el fin del mundo, donde el escritor Javier Cercas, ateo y anticatólico, acompaña a Francisco a Mongolia y encuentra un misterio.

Garcés comparó la figura de Jesús con el cuento de Borges "Tema del traidor y del héroe", en el que Fergus Kilpatrick escenifica su muerte para inspirar la independencia irlandesa. "Es como una versión laica de lo que pasa en los Evangelios. Jesús también, para que su causa triunfe, escenifica textos escritos por otros: las profecías del Antiguo Testamento", explicó. Marcó acotó que Occidente puede ser ateo gracias al cristianismo, porque esta religión promueve la libertad. "Dios nos hizo libres y por lo tanto, la fe es una respuesta libre del hombre a Dios", remarcó.

El diálogo derivó hacia la visión del cielo y el infierno. Garcés planteó que, si se los entiende como estados del espíritu, el cielo y el infierno son algo que cada uno fabrica. Citó a Tolstoi en Ana Karenina: Levin, al enamorarse de Kitty, está en el cielo, aunque ese cielo esté en la tierra; Ana, al quedar vacía de amor, está en el infierno. Marcó rechazó la idea de un Dios que castiga eternamente. "Yo no podría entender a un Dios que, como muestra Dante, castiga a la gente eternamente. Porque me parecería un sádico y no podría ni rezarle", aseguró. Para él, el castigo es autocastigo: "Es como un coach que quiere tu mejor versión".

Garcés retomó la imagen de Dios como llamado a la aventura, cuando le dice a Abraham que deje su casa y vaya a una tierra extraña. "Si no tenés fe, podés entenderlo como esa voz que uno oye a veces en su conciencia, y que le dice: estás para algo más", señaló. Marcó coincidió y contó su propia experiencia vocacional: "Cuando yo dije que sí, no tenía ni idea de a qué decía que sí. Tenía que explicarle a todo mi mundo de amigos y de familia no tan creyente que yo quería ser cura".

Hacia el final, Garcés sostuvo que la cultura moderna adoptó el mito del buen salvaje de Rousseau, lo que genera más culpa que la visión judeocristiana. "El iluminismo venía a liberarnos de la culpa cristiana, pero en los hechos genera mucha más culpa", afirmó. La visión judeocristiana, en cambio, asume que vamos a hacer el mal y ofrece recursos como la confesión, el arrepentimiento y el perdón. Marcó respondió con una cita de Jesús: "Sólo Dios es bueno".

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