Una abogada de Lomas de Zamora narró 80 horas en Marrakech y entró al Guinness
Graciela Joaquín, oriunda de La Quiaca, fue la única representante latinoamericana en el Festival Internacional de Narración Oral de Marrakech.

Graciela Joaquín, abogada y narradora oral que vive en Lomas de Zamora, fue la única representante latinoamericana en el Festival Internacional de Narración Oral de Marrakech, donde participó de una maratón de relatos que se extendió durante 80 horas y 32 minutos y quedó registrada en los récords Guinness. En total, 106 narradores de 33 países y 21 lenguas maternas sostuvieron la narración ininterrumpida, un registro que no fue superado hasta la fecha.
Nacida en La Quiaca, Joaquín es hija de un inmigrante sirio que escapó de la guerra y de una madre salteña descendiente de moros. Su historia familiar, atravesada por relatos de pastores y comerciantes, anticipó el destino que la llevaría desde los Tribunales hasta la plaza Jemaa el-Fna, en Marruecos.
“Narrar cuentos es sanador porque yo creo que hay una comunicación entre almas cuando se cuenta algo, porque vos, al contar, estás transmitiendo amor”, aseguró Joaquín, conocida como “la Juje”, con una voz clara y pausada que conserva la cadencia de quien aprendió a habitar el silencio a 3200 metros de altura.
En la casa de La Quiaca de los años sesenta, donde las familias se encerraban temprano para ganarle al frío puneño, la oralidad era una forma de conservar el calor. Su padre, Juan Elías Joaquín, era un gran contador de historias. “Cuando empecé el colegio, la maestra me pidió que contara un cuento y yo expuse los que él me decía. La señorita se asombró porque nunca los había escuchado”, recordó. Su padre le explicó entonces que esas historias eran su propia vida de pastor en Muara Sednaya, cerca de Damasco, cuando llevaba a pastar las ovejas y las cabras o cuando los perseguían por ser cristianos.
Sus padres no tenían estudios formales, pero amaban la lectura. El padre leía el diario de punta a punta y la madre disfrutaba de la poesía de Gustavo Adolfo Bécquer y Alfonsina Storni, además del romancero español. A los diez años, su cuñada Negrita Cabana, maestra rural y referente cultural en Jujuy, le regaló Mi planta de naranja lima, de José Mauro de Vasconcelos. “Ese libro me abrió un universo. En La Quiaca solo había una biblioteca muy solemne, de esas donde no te dejaban tocar los libros, así que me volví una lectora empedernida”, contó.
A los 15 años perdió a su madre. Su destino parecía ser quedarse a cuidar a su padre en Jujuy, pero uno de sus hermanos mayores la animó a rendir el ingreso a abogacía en la Universidad de Tucumán. Allí conoció a quien sería su marido, un estudiante de Geología de Buenos Aires que quería hacer trabajo de campo en los cerros. Cuando él consiguió una beca del Conicet, ella lo acompañó y se radicó en Lomas de Zamora, donde ejerció la abogacía durante años.
El descubrimiento de la narración oral llegó tarde y por azar. Escuchaba el programa Todo con afecto, de Alejandro Apo, donde pasaban cuentos antes del fútbol. Un sábado, el conductor anunció que su madre daría un curso de narración oral en San Telmo. Joaquín anotó la dirección pensando que era un taller de lectura. “Cuando fui, me encontré con Dora Apo y con Claudio Ledesma, un maestro maravilloso. Ese primer día me enamoré perdidamente de este arte”, sostuvo. Cursó el seminario de dos años y nunca dejó de formarse. Con el tiempo armó el grupo “Boca Florida” en Capital y luego, con narradoras de zona sur, “Alma de Cuentos”, con más de ocho años de actividad.
Joaquín insiste en una distinción que suele confundirse. “No es leer, es narrar. La diferencia es profunda: narrar no es repetir de memoria ni tampoco es actuar. En el teatro se representa un personaje; en la narración estás contando la historia, ya sea en primera o en tercera persona, pero siempre desde vos misma”, explicó. Para ella, el narrador pasa el texto escrito a la oralidad, se desprende del papel y transmite imágenes puras. “Yo digo ‘árbol’ y mi árbol va a ser diferente al árbol que vos estás imaginando, pero cada persona en el público dibuja su propio árbol en la mente”, afirmó.
La maratón de Marrakech, que se extendió durante tres días y diez minutos, quedó en los récords Guinness. Para Joaquín, el reconocimiento no cambia su oficio cotidiano: seguir contando cuentos en escuelas, museos y espacios culturales de zona sur, con la convicción de que la voz viva es la herramienta más antigua y democrática de la humanidad.
Por qué importa
El reconocimiento internacional pone en valor la narración oral como disciplina escénica y profesional, un arte que la propia protagonista diferencia de la lectura en voz alta o la actuación. Además, visibiliza a una representante argentina en un circuito cultural global.
Qué sigue
Joaquín continúa con su actividad en el grupo Alma de Cuentos, con presentaciones en escuelas y espacios culturales de zona sur. El registro Guinness de Marrakech sigue vigente y no fue superado hasta la fecha.
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