Historia

Vuelo 508: la adolescente que sobrevivió a una caída de 3000 metros en la selva amazónica

Juliane Koepcke tenía 17 años cuando el avión de LANSA se desintegró en pleno vuelo sobre la selva peruana en 1971. Caminó 11 días hasta ser rescatada.

Redacción2 min de lectura
El milagro del vuelo 508: cayó desde 3000 metros a la selva y, con tan solo 17 años, fue la única que volvió para contarlo

El 24 de diciembre de 1971, Juliane Koepcke, una adolescente germano-peruana de 17 años, abordó el vuelo 508 de la aerolínea LANSA junto a su madre, María, con destino a Pucallpa. Allí los esperaba su padre, el zoólogo Hans-Wilhelm Koepcke, para pasar las fiestas. Minutos después del despegue desde Lima, el cuatrimotor Lockheed L-188A Electra ingresó en una tormenta eléctrica sobre la selva amazónica.

Según las investigaciones posteriores, un rayo impactó contra el fuselaje y provocó una falla estructural que desintegró la aeronave a unos 3000 metros de altura. La joven salió despedida al vacío, pero permaneció atada a su asiento por el cinturón de seguridad. Los especialistas atribuyen su supervivencia a la resistencia metálica del asiento, que habría funcionado como un paracaídas, al impacto sobre la arboleda y a las corrientes ascendentes de la tormenta.

Tras perder el conocimiento, Koepcke despertó sola en la selva a la mañana siguiente. Presentaba una fractura de clavícula, una herida abierta en el brazo derecho, un esguince de rodilla, una conmoción cerebral y un ojo inflamado y cerrado. A causa de su miopía, estaba prácticamente ciega porque había perdido sus anteojos durante la caída.

Lejos de quedarse inmóvil, recurrió a lo que había aprendido durante un año y medio junto a sus padres en la estación biológica de Panguana. Recordó una de las reglas que le había enseñado su padre: seguir siempre el curso del agua, porque los arroyos conducen a ríos mayores y estos a asentamientos humanos. Con esa premisa, empezó a caminar.

Durante 11 días avanzó por la selva, cruzó un arroyo, soportó picaduras de insectos y una infección parasitaria de larvas de mosca en la herida del brazo. Su único alimento fue una pequeña bolsa de caramelos que encontró entre los restos del fuselaje.

El décimo día halló una embarcación atada a la orilla. Al recorrer un sendero cercano, descubrió una cabaña de leñadores locales, que al día siguiente la auxiliaron: curaron sus heridas con querosene y la trasladaron en canoa durante horas hasta un puesto sanitario.

De los 92 ocupantes del vuelo 508, 91 murieron. Koepcke fue la única sobreviviente. Años después, siguió los pasos de sus padres: se doctoró en biología y dedicó su carrera a la investigación y la conservación del ecosistema amazónico peruano.

Fuente: LA NACION

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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