Cultura

Walter Munnich: "El miedo te protege, lo que te mata es el pánico"

El instructor de buceo y explorador de cuevas submarinas comparte en su libro las lecciones que aprendió en las profundidades.

Redacción4 min de lectura
Walter Munnich, instructor de buceo y explorador: “El miedo te protege, lo que te mata es el pánico”

Las cuevas submarinas intimidan incluso antes de conocerlas. Oscuras, silenciosas y remotas, son espacios donde el margen de error es mínimo y la inmensidad obliga a convivir con la propia vulnerabilidad. Para Walter Munnich, instructor de buceo y explorador del mundo subacuático desde hace más de tres décadas, esos escenarios nunca representaron únicamente un desafío deportivo: con el tiempo se transformaron en un espejo de la vida.

Esa experiencia es la que recorre en Bajo la superficie, un libro que nació de reflexiones, anotaciones y aprendizajes acumulados durante años. Lo que comenzó como frases dispersas y observaciones personales fue tomando forma impulsado por el trabajo introspectivo que realizaba en terapia y por el aliento de su psicóloga. No fue un proyecto pensado para alcanzar reconocimiento ni para convertirse en un manual de autoayuda, sino que surgió de una necesidad íntima: dejar registro de una forma de mirar el mundo para sus hijas.

“Yo no voy a una cueva a descubrir algo. Voy a descubrirme a mí mismo”, resume. La frase ayuda a entender por qué las profundidades ocupan un lugar central en su historia. Lo que para muchos podría representar un entorno hostil, para él se convirtió en un espacio de conexión donde el ruido desaparece y ciertas verdades aparecen con claridad.

La fascinación por explorar no comenzó con el buceo. Walter recuerda que, desde chico, armaba cuevas con las sábanas de su cama e imaginaba expediciones hacia lugares desconocidos. Con los años se convirtió en instructor y referente en el buceo técnico, aunque nunca hizo de esa actividad su principal medio de vida. “Yo no vivo del buceo, vivo para el buceo”, resume.

Esa curiosidad, dice, nunca desapareció. Fue como una brújula que lo llevó a recorrer el mundo subacuático y también a hacerse preguntas sobre sí mismo. “La cueva me muestra cosas”, explica, y habla de esos espacios con respeto, gratitud y asombro, como si las profundidades funcionaran como un espejo capaz de devolverle preguntas, certezas y aprendizajes.

Una parte importante de su historia ocurre fuera del agua. A los 25 años, Walter se enteró de que era adoptado. No lo vivió como una pérdida afectiva ni como un conflicto de identidad, sino que lo que se quebró fue otra cosa. “No perdí una madre ni un padre. Perdí una referencia”, explica. Aquella experiencia despertó preguntas sobre el origen, la identidad y la necesidad de comprender.

Esa búsqueda también se transformó en una reflexión sobre el legado. Lejos de la idea de trascendencia asociada al reconocimiento, Walter habla del deseo de que quienes ama conozcan su historia. La referencia que utiliza es la película Coco: se trata de permanecer vivo en la memoria de quienes continúan el camino. Por eso insiste en que el libro no nació desde el ego, sino del deseo de compartir lo aprendido. “Quería que encontraran una parte de mí ahí”, reconoce.

Entre las enseñanzas que encontró en las profundidades, una se convirtió en concepto central: la “línea de vida”. Es el cable que permite orientarse y encontrar el camino de regreso en las cuevas. Los principiantes siguen líneas que otros colocaron; recién cuando adquieren experiencia pueden tender la propia. Munnich encontró en esa práctica una metáfora de la existencia: durante gran parte de la vida seguimos recorridos trazados por otros, hasta que llega el momento de decidir qué conservar y qué dejar atrás para construir el propio camino.

Quienes nunca estuvieron en una cueva submarina suelen imaginar que el miedo es permanente. Él lo ve de otra manera. “El miedo te protege. Lo que te mata es el pánico”, dice. Antes de cada inmersión siente miedo, pero no como una fuerza paralizante, sino como una señal que lo mantiene alerta. Por eso rechaza la idea de que la valentía consista en no sentir temor: el verdadero acto de coraje ocurre cuando una persona reconoce sus miedos y aun así avanza.

Cuando se le pregunta si en las profundidades conviven belleza, fragilidad y oscuridad, su respuesta es menos obvia de lo que parece. Para él, la oscuridad no necesariamente representa algo negativo. Las cuevas submarinas le enseñaron que el silencio y la penumbra pueden ser espacios de introspección y crecimiento. “El miedo te protege, el pánico te mata”, insiste, y esa enseñanza excede el buceo: también aplica a la vida cotidiana, donde muchas veces se intenta evitar el dolor, la tristeza o la incertidumbre como si fueran emociones equivocadas. En Bajo la superficie, Munnich invita a atravesar lo que duele para descubrir, en la profundidad, una forma más auténtica de vivir.

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