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A 10 años del oro olímpico: la hazaña de Los Leones que marcó una época

El equipo dirigido por Carlos Retegui venció a Bélgica 4-2 en Río 2016 y logró el primer título olímpico para el hockey masculino argentino.

Redacción4 min de lectura
Los Leones, en la cima del mundo y contra todos los pronósticos: a 10 años de la gloria olímpica en Río 2016

A 16 segundos del final, Agustín Mazzilli robó una pelota y enfiló directo al gol. Sin marcas, se metió dentro del arco rival para asegurar el cuarto tanto y se sentó en la tabla de madera. Manuel Brunet se le acercó y, como en una charla de café, le susurró: “Ya somos campeones olímpicos”. En un pestañeo, la euforia se completó con las llegadas de Isidoro Ibarra, Juan Saladino y Facundo Callioni, que se apiñaron bajo los tres palos. Contra todo pronóstico, Los Leones habían superado a Bélgica por 4 a 2 y se quedaban con el oro olímpico por primera vez en la historia.

La escena del podio en Río 2016 quedó grabada: “¡Los pibes son de oooro!”, corearon los jugadores y la hinchada, mientras se señalaban con el dedo índice en un contagio emocional que aún resuena a 10 años de la gesta. El estadio Deodoro fue testigo de una conquista suprema, un capítulo que se incorporó al Olimpo del deporte argentino.

Una década después, la distancia temporal dimensiona el valor de la proeza. No fue un resultado aislado, sino el punto de inflexión de un proceso que comenzó en 2001, tras el subcampeonato mundial juvenil en Hobart. Aquella generación de talentos, sumada a la maduración de las camadas posteriores, logró superar escollos deportivos y de infraestructura que durante años relegaron a los varones a un segundo plano, siempre a la sombra de las Leonas.

Argentina no llegaba a Río como candidato natural en el parejo hockey masculino. Pero el equipo contaba con una estructura sólida. Bajo la conducción de Carlos Retegui, el grupo amalgamó potencial individual y cohesión colectiva. El sistema, que ya había dado frutos con el tercer puesto en el Mundial de La Haya 2014, se asentó en la entrega total al “método Chapa” y en la creencia absoluta en una filosofía sin grietas.

Retegui fue un “loco” que rompió el statu quo y moldeó al equipo como un orfebre. Encarnó al líder motivador que logró que cada jugador aceptara el exigente esquema de trabajo. El compromiso fue tal que ni las lesiones frenaron al grupo: Matías Paredes y Matías Rey, con fracturas en pie y mano, no pudieron jugar la final, pero el plantel se fortaleció en la adversidad.

“Mi método es palo y garrote, palo y garrote”, resumió Retegui en una entrevista con Juan Pablo Varsky. “Evidentemente nos fue bien, porque si uno mira la trayectoria... El método consiste en no dejar ningún detalle librado a la suerte y entregarlo todo. Es conducir con confianza plena y transmitirle al jugador: ‘Confío plenamente en vos, no me falles’. Vos podés errar mil pases, a mí no me importa. Fallarme es llegar tarde a un entrenamiento o salir con cara de culo y tirar un cartel. Porque la carita no me la hace a mí, sino al compañero que está entrando. Eso no lo permito de ninguna manera”. En esa idea radicó la mística de aquellos Leones.

El camino al oro fue una carrera de obstáculos. Tras el debut con empate 3-3 ante Holanda, llegó una victoria 3-1 sobre Canadá. Pero el equipo tuvo que remar: empató 4-4 con Alemania y perdió 2-1 ante India, lo que obligó a ganar a Irlanda para avanzar. En cuartos superó a España 2-1 y en semifinales goleó a Alemania 5-2, posicionándose como favorito antes de la final.

La final ante Bélgica fue el reflejo de la madurez alcanzada. Tras empezar en desventaja, el equipo mantuvo la calma y se impuso 4-2. Los artífices fueron varios: Gonzalo Peillat, máximo goleador del torneo con 11 tantos de córner corto; la seguridad de Juan Manuel Vivaldi; el juego creativo de Lucas Vila y Mazzilli; la voracidad de Callioni; el aplomo de Pedro Ibarra y Lucas Rossi; y la inteligencia de Brunet y Juan Martín López.

El impacto del título fue comparable al de otras figuras argentinas en esos Juegos, como Paula Pareto, Santiago Lange, Cecilia Carranza Saroli y Juan Martín del Potro. Pero lo de Los Leones tuvo un matiz especial: el hockey masculino debió construir su perfil mediático desde cero, participando en competiciones de segunda línea como el Champions Challenge mientras las Leonas acaparaban la atención. Aun así, la gesta de Río 2016 quedó grabada para siempre en la historia del deporte argentino.

Fuente: LA NACION

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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