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A 25 años del 11-S: el debate sobre si marcó el fin de la supremacía de EE.UU.

Analistas argentinos coinciden en que los atentados no causaron la decadencia, pero sí desviaron el poder de Washington hacia guerras costosas.

Redacción3 min de lectura
¿El 11-S fue el principio del fin de la supremacía indiscutida de EE.UU.? El debate que dejó el aniversario

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 ocurrieron cuando Estados Unidos ostentaba el mayor poder relativo de su historia. Un cuarto de siglo después, los actos por el 25° aniversario mostraron un país cansado, dividido y distanciado de sus aliados históricos. El interrogante que quedó flotando es si aquellos ataques iniciaron un declive del liderazgo mundial estadounidense.

La respuesta, según los especialistas, es más compleja que un sí o un no. Para Francisco de Santibañes, presidente del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI), el 11-S no fue el comienzo inevitable de la decadencia, pero sí el inicio de un prolongado desvío estratégico que llevó a Washington a malgastar una parte considerable de su poder.

Juan Negri, director de Estudios Internacionales de la Universidad Di Tella, coincide en que los atentados no causaron un declive, aunque funcionaron como un punto de inflexión que obligó a Estados Unidos a usar su enorme poder de manera menos eficiente. "El 11 de Septiembre ocurre en un momento en que Estados Unidos atravesaba el mayor nivel de poder relativo de su historia, después de la Guerra Fría. Sin embargo, los atentados generan una serie de desafíos cuya respuesta termina desviando recursos y atención mientras China seguía creciendo", explicó.

Juan Gabriel Tokatlian, uno de los analistas internacionales más escuchados del país, sostiene que el ataque a las Torres Gemelas debe entenderse como un evento simultáneamente imprevisto y catalizador de una estrategia estadounidense aún vigente a pesar de sus reiterados fracasos. Para entender el proceso, explicó, hay que remontarse al fin de la Guerra Fría, cuando entre círculos neoconservadores empezó a pensarse un reemplazo a la tradicional estrategia de contención.

En 1992, el entonces secretario de Defensa de George H. W. Bush, Dick Cheney, elaboró la llamada Guía de Planificación de la Defensa, un documento que apuntaba a promover una nueva estrategia de primacía, según la cual Washington no debía tolerar el surgimiento de una potencia de igual talla. "Se trató de una estrategia maximalista que despertó el rechazo incluso de un gran aliado como Europa. Fue tan controvertida que la Guía se retiró. Pero, en esencia, su principio guía quedó establecido: la preponderancia absoluta de Estados Unidos en los asuntos mundiales", afirmó Tokatlian.

Con Bill Clinton se inauguró una vía intermedia entre la vieja estrategia de contención y la de primacía. Pero el complot de Al-Qaeda le daría a Cheney, ahora como vicepresidente de George W. Bush, la revancha. "Los atentados de 2001 se convierten en el detonante para racionalizar la urgencia de un viraje total de la política exterior y de defensa en aras de instaurar la estrategia de primacía", sentenció.

El primer objetivo de la llamada "guerra contra el terror" fue Afganistán. La campaña para derrocar al régimen talibán tenía un objetivo claro y contó con respaldo internacional amplio. "La intervención inicial era comprensible y ampliamente legítima. El error fue convertirla en una ocupación de veinte años y en un intento de reconstruir desde afuera el Estado y la sociedad afganos", señaló De Santibañes.

Irak cambiaría todavía más la ecuación. Saddam Hussein no había tenido vínculo con el complot de Osama ben Laden, pero el clima de inseguridad le dio viabilidad política a la invasión. "Fue costosa porque ese país no había participado de los atentados y la guerra alteró el equilibrio regional de una manera que terminó fortaleciendo a Irán", agregó el presidente del CARI.

"Estados Unidos confundió su enorme superioridad militar con la capacidad de transformar sociedades y construir instituciones. Obtuvo victorias tácticas, pero resultados estratégicos decepcionantes", remarcó. Negri coincidió: la cacería de Al-Qaeda y la eliminación de Ben Laden fueron relativamente exitosas, pero "después Estados Unidos se embarcó en proyectos de construcción nacional y ahí fue donde fracasó".

Fuente: LA NACION

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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