Cultura

A 90 años de su muerte, García Lorca vuelve a las calles de Madrid

Una escultura del poeta fue llevada en procesión por más de 200 performers, mientras en Buenos Aires se recuerda la función de Juan Diego Botto que terminó en poesía.

Redacción2 min de lectura
García Lorca con perfume de mar

Esta semana se cumplieron 90 años de la muerte de Federico García Lorca, fusilado en 1936. La efeméride redonda volvió a poner al poeta granadino en las páginas y las pantallas del mundo.

En Madrid, una escultura del autor fue llevada en andas por las calles, acompañada por una procesión de más de 200 performers. “Ha vuelto”, voceaban. “Federico ha vuelto”.

La escena conmovedora trajo a la memoria otro tributo vibrante: la obra Una noche sin luna, protagonizada por Juan Diego Botto, que en junio de 2023 agotó cinco funciones en el Teatro San Martín de Buenos Aires.

La noche del estreno, la sala Martín Coronado hervía de anticipación. Actores, directores, críticos y periodistas se acomodaban, desabotonando abrigos y liberando bufandas, cuando el protagonista apareció en el proscenio con actitud humilde e incómoda.

Ante el estupor general, Botto anunció que no habría función: un hombre en Tarragona había interpuesto una denuncia por considerar el espectáculo una afrenta. “Yo quería que hoy, este teatro oliera a mar”, dijo, blandiendo copias de la demanda. “Pero aquí están los papeles, para que vean que no me lo invento”.

Una espectadora se puso de pie y lo interrumpió: “Pero, ¿cómo es posible? ¿No se puede representar de todas maneras? ¡Esto es inaudito!”. Sobrevino el pandemónium. La sala se convirtió en un remolino de opiniones a favor y en contra, mientras el actor, vestido con chaleco y pantalón de tiro alto, intentaba calmar los ánimos.

“Yo les explico todo. Pero, por favor, ténganme paciencia”, gritó. Entonces, con un gesto sutil —una mano que se eleva y abre los dedos como pétalos—, transmutó. El silencio se hizo y ya no quedó duda: no era Juan Diego Botto, sino Federico García Lorca en persona, derribando la cuarta pared.

El telón finalmente se levantó, la obra siguió y, dos horas más tarde, la sala terminó con lágrimas y aplausos, de pie. La función se había vuelto poesía y el público argentino, consabidamente impetuoso, ya no era el mismo. Habían sido burlados por Lorca. Olían, deliciosamente, a mar.

Fuente: LA NACION

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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