Mascotas

Un adiestrador asegura que saludar al perro al llegar a casa es "la semilla de la mala educación"

Víctor Mareño advierte que la efusividad al entrar al hogar refuerza la ansiedad del animal y recomienda ignorarlo hasta que recupere la calma.

Redacción••3 min de lectura
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Un adiestrador asegura que saludar al perro al llegar a casa es "la semilla de la mala educación"

Saludar al perro con efusividad apenas se cruza la puerta de casa es, para el adiestrador canino Víctor Mareño, el origen de la mala educación de la mascota. El especialista sostiene que los dueños confunden la excitación del animal con felicidad, cuando en realidad se trata de una reacción nerviosa frente a la ausencia del referente humano. La recomendación es clara: esperar a que el perro alcance un estado de calma antes de darle afecto.

En el podcast Zenvibes, Mareño explicó que el mayor error consiste en mimar, consentir y premiar esa demanda de atención inmediata. Esa conducta repetida genera ansiedad en el animal, que interpreta su propio nerviosismo como una herramienta efectiva para conseguir cariño. Al responder con caricias ante un recibimiento eufórico, el dueño refuerza un estado emocional inestable.

El adiestrador remarcó que el perro suele pedir salir a la calle o exigir contacto físico constante porque el tutor alimenta esa rueda de comportamiento. La falta de límites claros provoca que muchas mascotas sufran cuadros de estrés, miedo o depresión, condiciones que el especialista observa a diario en su trabajo. En ese marco, conviene recordar que los perros también estornudan por alegría y no solo por enfermedad, una muestra de cuánto pesa el estado emocional en su conducta.

Mareño relató una experiencia personal que marcó su perspectiva sobre este hábito. Ocurrió en un domicilio de Madrid, donde un bulldog sufrió un infarto fulminante mientras su dueña lo mimaba al llegar a casa: el animal presentaba pulsaciones elevadas por su alto nivel de nerviosismo. Tras ese suceso, insiste en la importancia de modificar la rutina doméstica para garantizar la estabilidad mental de la mascota.

El experto propone dos alternativas concretas. La primera es pedirle al perro que se siente y darle mimos solo cuando esté calmado. La segunda es entrar al hogar como si el animal no existiera durante los primeros instantes. Aunque reconoce que estas medidas parecen duras o poco afectuosas, recalca que resultan fundamentales para el bienestar del perro.

Los especialistas en comportamiento animal coinciden en que los perros educados con normas claras tienen mejores niveles de salud emocional. El adiestramiento regula el sistema nervioso de la mascota y le otorga una sensación de seguridad necesaria. La reacción frente a la puerta no siempre denota alegría, sino que constituye una petición física de contacto: si el tutor premia ese salto o esa vocalización, el perro repite la acción con mayor intensidad en el futuro.

Por eso, Mareño enfatiza que la entrada a casa no debe ser el momento en que el perro marque el ritmo emocional del cuidador. Establecer reglas básicas, como sentarse al comando o esperar el llamado del dueño, ayuda a que el animal mantenga un equilibrio. En la misma línea, otros profesionales advierten que tocar la nariz del perro no sirve para detectar fiebre, un recordatorio de que muchas creencias sobre las mascotas carecen de respaldo.

El adiestrador concluye que el saludo impulsivo es la raíz de múltiples problemas de comportamiento, dado que el animal aprende que su ansiedad genera una recompensa directa por parte de su referente. La clave, según su enfoque, pasa por recuperar la calma como punto de partida del vínculo.

Por qué importa

La conducta de los dueños moldea el estado emocional del perro: premiar la excitación puede derivar en estrés, miedo o depresión. La nota ofrece pautas simples para quienes conviven con mascotas y buscan evitar problemas de comportamiento.

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