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Tocar la nariz del perro no sirve para detectar fiebre, advierten los veterinarios

Un especialista desmintió el método casero más usado en los hogares y explicó cuál es la única forma confiable de medir la temperatura del animal

Redacción••2 min de lectura
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Los expertos en comportamiento animal coincidieron: tocar la nariz del perro no sirve para detectar si tiene fiebre

Durante generaciones, millones de dueños recurrieron a un gesto automático ante la menor sospecha de que su perro estaba enfermo: tocarle el hocico para comprobar si tenía fiebre. Si la zona se sentía seca o caliente, saltaba la alarma; si estaba húmeda y fría, llegaba el alivio. Los especialistas en comportamiento y salud animal aseguran que esa costumbre popular es engañosa y genera falsas preocupaciones en el hogar.

El veterinario Israel Pérez, conocido en redes como Tu veterinario online, desmintió el mito en su cuenta de Instagram, donde analiza los errores más frecuentes en el cuidado cotidiano de los perros. "Si tocás la nariz de tu perro para saber si tiene fiebre, llevás toda la vida comprobándolo mal", afirmó el especialista frente a sus seguidores.

La temperatura del hocico canino cambia a lo largo del día por múltiples motivos clínicos y ambientales. Un perro que duerme junto a una estufa, descansa sobre alfombras mullidas o permanece bajo los rayos directos del sol presenta una nariz cálida sin que eso refleje un problema médico. La actividad física intensa, el viento frío, la humedad exterior y la propia estructura anatómica también modifican esa zona de manera natural y rápida.

Al revés, una nariz fría tampoco garantiza un estado óptimo de salud. Por ese motivo, los profesionales insisten en descartar el método casero como herramienta diagnóstica en el hogar.

Frente a la ineficacia del termómetro táctil, los expertos recomiendan prestar atención a los cambios de conducta y a los signos físicos cotidianos. Entre las señales de alerta aparecen la decaimiento, la falta de apetito, los vómitos, la diarrea, los temblores, la respiración agitada en reposo y el aumento de la sed. Ninguno de esos indicios confirma por sí solo la presencia de fiebre, pero exige mayor atención de la familia humana.

Ante la duda, la ciencia veterinaria cuenta con un único procedimiento exacto: el uso de un termómetro rectal especializado. Los especialistas establecen que una cifra superior a 39 grados centígrados evidencia fiebre real, aunque el contexto físico del animal condiciona la lectura. Un paseo bajo altas temperaturas o un juego brusco elevan de forma temporal los registros corporales sin que medie una infección.

Antes de alarmarse por una nariz tibia, los tutores deben evaluar el comportamiento global del perro. El bienestar general importa mucho más que la temperatura superficial del hocico, sostienen los veterinarios. La recomendación se suma a otras advertencias sobre cuidados básicos, como el cumplimiento del calendario de vacunación, que permite prevenir buena parte de las enfermedades caninas.

Por qué importa

Miles de dueños toman decisiones sobre la salud de su perro a partir de un método casero que no funciona. El dato evita consultas innecesarias y, sobre todo, demoras peligrosas ante un cuadro real de fiebre.

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