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Un adiestrador asegura que los perros estornudan de alegría y no por enfermedad

Tony Silvestre, especialista francés en conducta canina, vincula el gesto con el entusiasmo; los veterinarios marcan cuándo conviene consultar.

Redacción••2 min de lectura
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Un adiestrador asegura que los perros estornudan de alegría y no por enfermedad

Los perros que estornudan mientras juegan o reciben caricias no están resfriados: según el adiestrador canino Tony Silvestre, ese gesto expresa entusiasmo y bienestar emocional. El especialista francés, conocido en Instagram como @esprit.dog, sostiene que la mayoría de los estornudos caninos responde a un estado de ánimo y no a una afección respiratoria.

La conducta aparece en momentos precisos. Los perros suelen estornudar durante el juego, cuando descansan en un clima de calma o al recibir mimos. También lo hacen justo antes de una rutina que les gusta, como salir a pasear, como anticipación positiva de lo que viene.

“Cuando un perro estornuda, no está enfermo, sino que está expresando un estado de ánimo”, afirma Silvestre. Y agrega: “Los perros estornudan porque están contentos; esto activa un proceso interno que los hace estornudar”. La reacción física les permite liberar la presión del aire y recuperar una respiración cómoda en pleno entusiasmo.

Para distinguir la alegría de un problema de salud, el adiestrador propone mirar el cuerpo completo del animal. Si mantiene una mirada tranquila, mueve la cola de forma fluida y muestra una postura relajada, el estornudo solo confirma su felicidad. Con humor, Silvestre arriesga: “Si no estornuda, significa que no te quiere”.

La medicina veterinaria coincide en que un perro puede estornudar por causas externas, como el ingreso de agua en las fosas nasales después de nadar o beber. Pero también marca las señales que exigen una consulta profesional: estornudos constantes acompañados de falta de apetito, decaimiento o fatiga. Si el estornudo no tiene relación con el juego ni con la emoción, la visita al veterinario es el paso indicado.

El bienestar animal, además, se lee en otros indicadores. Un perro feliz mueve la cola sin rigidez y mantiene las orejas en una posición natural, señales de comodidad y seguridad. La actitud juguetona, con saltos, carreras o ladridos orientados a la interacción, reafirma su plenitud. Mostrar la panza al recostarse boca arriba es otra muestra de confianza plena y ausencia de temor.

Una respiración estable durante el reposo, sin jadeos excesivos, certifica buena salud física. La curiosidad frente a olores y sonidos completa el panorama de un perro saludable, igual que la capacidad de interactuar con sus pares de forma calma. Como recuerdan los especialistas, los perros ladran a otros por motivos que no siempre son agresivos, y lo mismo ocurre con los estornudos: el contexto manda.

Conocer estos matices permite una convivencia más armónica y evita diagnósticos erróneos. Antes de alarmarse por un estornudo, conviene observar el entorno y el lenguaje corporal del animal. Y si aparecen síntomas que se alejan de la alegría, consultar con un veterinario. Para los dueños, también vale recordar que tocar la nariz del perro no sirve para detectar fiebre.

Por qué importa

Muchos dueños se alarman por estornudos frecuentes y los confunden con cuadros respiratorios. Distinguir la expresión de alegría de una señal de alerta evita diagnósticos erróneos y consultas innecesarias.

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